¿Recuerdan Atlanta?

Periodísticamente hablando, cada versión de los Juegos Olímpicos, es inolvidable Edgard Tijerino M. [email protected] Fue hace cuatro años, pero lo recuerdo como si fuera hoy… Este fue mi testimonio grabado en la computadora: Después de 15 días de agitación sin pausas, avanzando a través de la carretera de la incredulidad, impulsado por una cabalgata de […]

  • Periodísticamente hablando, cada versión de los Juegos Olímpicos, es inolvidable

Edgard Tijerino M. [email protected]

Fue hace cuatro años, pero lo recuerdo como si fuera hoy… Este fue mi testimonio grabado en la computadora:

Después de 15 días de agitación sin pausas, avanzando a través de la carretera de la incredulidad, impulsado por una cabalgata de emociones sin control, mi asombro continúa estremeciéndose frenéticamente.

Atlanta quedó atrás, con el llamado Capitolio que tiene una cúpula de oro de 24 kilates; el Hotel Westin y su restaurante giratorio del piso 72 es apenas un punto que diviso difícilmente mientras el avión se eleva; el rugido que se escuchó en cada uno de los escenarios de estos Juegos Olímpicos del 96, sobre todo durante los eventos de pista y campo, aún está amenazando mis tímpanos; los “operativos marabunta” tratando de entrar y salir en los vagones del metro, me hicieron sentir como una hormiga aterrorizada; las colas para poder obtener una mesa en restaurantes como el Hard Rock o el Planeta Hollywood, seguían ahí, retando la paciencia de medio mundo, como parte del espectáculo diario.

Qué bien lució la Selección Nacional de béisbol pese a quedar fuera del cuadro de medallas… Había que estar en el Estadio Fulton, en ese entonces todavía casa de los Bravos, campeones mundiales, para poder captar el cariño generado por nuestro equipo y enorgullecernos del respeto ganado a pulso, con un esfuerzo mayúsculo de músculo, corazón y buen juego de la Selección Nacional.

La ciudad se ha perdido de vista, pero los recuerdos están latiendo y mis emociones –después de haber estado en diferentes escenarios, o frente a la pantalla gigante de la sala principal de prensa, junto a colegas revestidos de igual excitación— siguen ahí, envueltas en la interrogante de siempre: ¿Cuál es el límite de la capacidad humana?

AQUELLA EXPLOSION

Oh, sí, la bomba…Fue algo terrible: explotó, cobró víctimas y nos alteró…De acuerdo, eso fue lo grotesco, lo que nos mantuvo por largo rato colgados del pánico… Un hecho trágico que logró herir los Juegos, pero no los mató… El factor humano se encargó de hacerlos emerger impetuosamente, empujándolos hacia un cierre colosal.

¿Cómo diablos voy a olvidar eso por el resto de mi vida?.. Acaso no ocurrió propiamente frente al edificio del centro de prensa, justamente el sitio en el que yo pasaba la mayor parte del día y a veces, de la noche, chequeando resultados, viendo la elaboración de crónicas, cambiando impresiones con otros periodistas latinos, visitando cada hora el kiosko de periódicos y revistas para percartarme si había llegado el material de España, Colombia o Le Equipe el mejor periódico deportivo del mundo elaborado por los franceses, o revisando las cuatro diferentes propuestas que ofrecía diariamente el comedor, o tomándome un café capuchino mientras hacía apuntes, cortaba notas, fotos y leía algo… No, nunca podré olvidar esa bomba, pero finalmente los Juegos se impusieron.

LA VIEJA INTERROGANTE

Estaba por aterrizar en Miami y volvía a preguntarme: ¿Cuál es el límite de lo relampagueante?.. Los insólitos 9.84 segundos de un desbocado Donovan Bailey en los 100 metros, o la fantástica carrera de 19.32 segundos realizada por Superman Johnson en los 200.

¿Cuál es el límite de la perfección?.. Sin duda, lo es todavía. Nadia Comanecci la rumana de incomparable simetría gimnástica a través de una maestría de maniobras merecedora de un 10 en calificación, pero, ¿qué decir de esa rusa llamada Lilia Podkopayeva, que nos hizo sentir en el cielo aplaudiendo junto a San Pedro?

¿Cuál es el límite de la furia en la pileta?.. Popov resistiendo las embestidas agobiantes de Gary Hall para ganar los 50 y 100 metros; o Ammy Van Dyken que colocó su afección asmática bajo agua para proyectarse hacia la conquista de 4 medallas de oro; o Michelle Smith, saliendo de cualquier parte para alcanzar súbitamente el estrellato con 3 medallas de oro, más allá de las sospechas en que se vio involucrada; o Claudia Poll arrebatando lo que parecía ser un oro seguro de la campeona mundial Francisca Van Almsick en los 200 libres.

¿Cuál es el límite de lo sorprendente?… Nigeria derrotando a Brasil y Argentina para capturar el oro olímpico o Joshia Thugwane de Sudáfrica llegando de primero al maratón.

¿Cuál es el límite de la fortaleza?.. El esfuerzo impresionante del levantador de pesas Naim Suleymanoglu, de 142 libras, formado en Bulgaria su país de origen y transformado en turco después de haber desertado a los 19 años. Este Hércules de bolsillo, tumbando un récord mundial, logró el oro olímpico por tercera vez consecutiva al sostener sobre su cabeza 335 kilos.

LEWIS, INAGOTABLE

¿Cuál es el límite de la durabilidad?.. Carl Lewis ganando por cuartos Juegos Olímpicos consecutivos, medallas de oro en salto largo igualando una hazaña de Al Oerter en lanzamiento de disco entre 1956 y 1968.

¿Cuál es el límite del derroche de coraje?.. Kerri Strug, la gimnasta de USA corriendo, impulsándose y cayendo firme con un tobillo lesionado para garantizar una medalla de oro colectiva, dejando absorta a la multitud en el World Trade Center. Claro, que se puede manejar el dolor a través de una ejecutoria heroica próxima a la excelencia en lo que a calidad se refiere.

¿Cuál es el límite de la duda?.. El final de los 100 metros femeninos con Gail Devers superando por una fracción de suspiro, imposible de captar en el foto finish, a Marlene Ottey. Al día siguiente todo mundo seguía preguntándose ¿quién ganó?

¿Cuál es el límite de la frustración?.. El cubano Norberto Téllez quebrando el récord olímpico, superando un registro de Juantorena, y comprobando dramáticamente que todo eso fue insuficiente para ganar una medalla al quedar relegado al cuarto lugar.

¿Cuál es el límite de la rivalidad?.. Los volibolistas de Cuba y Brasil protagonizando una batalla de fuego y candela en la cancha, y otra tan trepidante y más peligrosa después del juego.

¿Cuál es el límite del punch?.. Cañonazos de más de 520 pies como el de Kindelán o el cañoneo de 5 jonrones en el propio primer inning por parte de USA, o batallas en las cuales se conectaron más de 12 cuadrangulares, o la necesidad de tres estacazos como los de Linares parra extraer del mar de las dificultades, una medalla de oro y preservar el invicto cubano en beisbol.

¿Cuál es el límite de la arrogancia?.. Los jugadores del Dream Team contoneándose por la Villa y por el Georgia Dome, como si fueran los inventores del baloncesto, creyéndose los dioses de los Juegos.

¿Cuál es el límite de la opulencia?.. El tratamiento que le dan a los miembros del COI. Una atención y unos gastos dignos de Reyes. Lo vimos cada día en Hoteles como el Hyatt, el Sheraton y el Westin.

¿Cuál es el límite de la capacidad periodística?.. Poder adquirir a las 6 de la mañana de cada día, un nuevo número del Sports Illustrated con relatos y fotos de lo ocurrido a medianoche, o el suplemento de tres secciones y casi 60 páginas del Atlanta Journal.

Cierto, Atlanta no fue lo suficientemente grande, eficiente, interesante o experimentada como Los Angeles y Barcelona para llevar a cabo estos Juegos, pero más allá de las discusiones, dificultades y cuestionamientos hemos disfrutado de unos Olímpicos fantásticos.

¿Qué nos espera en Sidney?…Serán, mis quintos Juegos Olímpicos.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí