A los políticos que están en el poder, los que aprenden a las malas, los sordos espirituales, los que pierden la moral, al mudo que sabe de los robos y no dice nada convirtiéndose en cómplice del delito, a los funcionarios que no quieren dar a conocer cifras para la contabilidad pública, a los bozaleados por dinero, los que se dejan chantajear, los que no denuncian la injusticia, los que esconden la verdad, a los que el mudo espiritual se convierte en un ser rudo.
La Iglesia hace que los mudos tengan una voz y los sordos puedan oírla. Ese es uno de los poderes que Dios da a Cristo para entregárselo a su iglesia. Cristo viene a entregarle a sus discípulos o pastores de sus ovejas el compromiso de ser la voz de esas ovejas, y a predicar la palabra, que es encarnada, en Cristo y finalmente en los cristianos.
Es la palabra que hemos de oír la palabra perseguida, la palabra que nos abre los oídos, la mente, la razón.
Abrir los ojos, los oídos y la boca para decir el mensaje divino que se convierte en carne en Jesús Cristo, que se propaga en la Iglesia y hace conciencia en los cristianos quienes, una vez que se nos abrieron los oídos, gracias al mensaje divino, habló el mudo, y escuchó el sordo.
Dios no quiere un pueblo ni sordo ni mudo, por eso la libertad de prensa es un mandato divino, pues el pueblo tiene derecho a una voz, voz que abrirá los oídos y el entendimiento de su mismo pueblo.
Dios quiere que escuchemos su voz, su mensaje, la Iglesia tiene que defender la libertad para decir la verdad.
Socorro Guevara,