¿Quién es líder?

Emilio Porta

Se avecinan las elecciones y muchos

gritan frente a los micrófonos persuadiéndonos para que los premiemos con nuestros votos. ¿La posición de influencia que ocupan estas personas los convierte automáticamente en líderes? ¿Ser candidato es ser líder?

Después de estudiar a Spoerer, McGregor Burns, Heifetz, entre otros, pretenderé acercarme a una definición actual de lo que debiera significar el liderazgo. Debo comenzar señalando que el verdadero liderazgo tiene que ser diferenciado de la mera influencia y no puede ser moralmente neutro.

No podemos conformarnos con que el “líder” es aquél que ocupando una posición de influencia motiva a la acción ciudadana, debemos incorporar a este significado consideraciones éticas y morales que nos ayuden a distinguir entre líder y déspota, entre líder y demagogo. Por ejemplo, no es posible ubicar en la misma categoría a Hitler y Gandhi, a Stalin y Martin Luther King Jr.

El líder debe motivar a las personas a que alcancen metas y fines “moralmente superiores”, como serían el bien común y el servicio a los otros. Mientras Hitler y Stalin consideraron el aniquilamiento del enemigo político como un fin, Gandhi y Luther King Jr. orientaron a sus seguidores tras ideales tan nobles como la libertad, la justicia, la igualdad, todos ellos a todas luces “superiores” desde el punto de vista moral.

Otro elemento esencial del liderazgo es que quien lo ejerza debe movilizar a las personas para que hagan algo que sea socialmente útil. Surgen aquí dos interrogantes: ¿Qué es un objetivo socialmente útil? ¿Quién decide cuál es un objetivo socialmente útil?

Partiendo desde una postura un tanto simple, podría afirmarse que es útil socialmente todo lo que satisface las necesidades, anhelos y deseos de la sociedad y, por tanto, hacia allá debe enfocar el líder sus esfuerzos y los de la comunidad. Muchos han gobernado atendiendo a la máxima “vox populi, vox Dei”, sin considerar la realidad y las limitaciones que los rodea. Estos demagogos han guiado a sus seguidores hacia empresas idealistas y románticas que por lo general terminan en tragedias colectivas. El líder debe plantear soluciones factibles con el cuidado de no caer en el conformismo.

El papel del líder justamente está en saber distinguir, en observancia de la realidad, los objetivos socialmente útiles. Con esto no estamos exigiendo que el líder sea un visionario o un profeta. Por el contrario, líder no es aquél que posee todas las respuestas de antemano, más bien, es quien sabe hacer las preguntas correctas. La misión del liderazgo no es proporcionar todas las respuestas, es tener la capacidad de generar una visión compartida que genere la participación y el crecimiento personal de quienes lo rodean. En conclusión, líder es aquél que logra que sus seguidores se hagan cargo de sus propios problemas y, en la medida de lo posible, los resuelvan.

En este período electoral hay que prestar mucha atención a los discursos y propuestas que plantean de los diferentes candidatos. Tenemos que analizarlos detenidamente con el objetivo de no dejarnos engañar por un demagogo, y otorgarle el voto a un verdadero líder. Por el bien de Nicaragua, espero que todos sepamos distinguir. Recordemos la afirmación popular que dice: “La historia de un país es escrita por un pueblo bajo la conducción de un líder”.

Me puede escribir a esta dirección.  

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