Adolfo Olivas Olivas – [email protected]
ESTELI.- La sociedad de Condega guarda un contenido religioso muy fuerte y además de celebrar las festividades nacionales de Semana Santa, Navidad y La Gritería, realiza su fiesta patronal, dedicada a San Isidro y a la Virgen de Guadalupe.
Las fiestas ofrecidas a San Isidro parten de una antigua costumbre indígena de adorar a Chicociagat, el dios del Maíz de los antiguos chorotegas, justo a mediados del mes de mayo que marca el inicio del invierno y el inicio de la cosecha de primera que en esas épocas era el principal cultivo.
A la llegada de los españoles la imagen fue sustituida por la de San Isidro Labrador, el Santo de los Agricultores en la cultura del Viejo Mundo. Los cambios establecidos en la estructura productiva basada primeramente en el maíz y luego a una compleja diversidad agropecuaria, fueron enriqueciendo el contenido de la festividad, ligando el poder del santo hacia cualquier expresión productiva.
Monseñor Julio César Videa Rodríguez que llegó a Condega en 1955, relata que el 15 de mayo, día de la celebración, el parque de la ciudad se convierte en un multifacético “bosque” escenificando todas las formas de producción campesina, cañaverales y trapiches, lagunetas con peces, adornos de matas de guineo y cabezas de plátano maduro, frutas y toda clase de animales de la fauna campesina, corrales con ganado para ordeñar.
“San Isidro hacía un recorrido frente a las fincas para observar los frutales, animales, los ordeños y las moliendas de cañas. Los acompañantes del santo recibían frutas, leche y miel de parte de los agricultores, al ritmo de las tonadas de polcas, mazurcas y valses”, recuerda monseñor Videa.
En la víspera, la imagen de San Isidro era trasladada al lugar conocido como “El Culse” y luego la traía en procesión acompañada de animales silvestres y domésticos y con gran algarabía ingresaban al pueblo al ritmo de una banda, instalándose “El Bosque” el 14 de mayo en el parque de la localidad.
“La noche del 14 de mayo, la gente frente al atrio de la iglesia disfrutaba de toda esa alegría y en cada repique de campana se cantaba el Ave María y luego el Santo Rosario, todo amenizado con música, aquello era alegría”, narra el religioso.
El 15 de mayo, el propio día de San Isidro, se realizaba “La Alborada” y la gente se desbordaba desde las cuatro de la madrugada, donde la banda hacía un recorrido por todo el pueblo y después la misa solemne.
Finalizada la misa solemne el sacerdote y todos los feligreses acudían “Al Bosque” para observar los animales y brindaban con frutas, miel, caldo y leche, finalizando el día con el canto del Rosario.
El 16 de mayo, “era el día de las mujeres”, todas ellas instalaban mesas en los alrededores de la plaza y regalaban frutas y refrescos.
Monseñor Videa, que construyó en 1962 el Templo Parroquial, lamenta mucho que las fiestas de San Isidro las hayan “paganizado” con las instalaciones de cantinas, chinamos y prostíbulos, perdiendo su contenido religioso y de diversión sana”, indica.
“Ahora en la plaza venden toda clase de licores y luego que prostíbulos y hasta homosexuales se observan, dando un aspecto feo que nada tiene que ver con el sentido religioso de San Isidro Labrador”, cuestiona el religioso.
El sentido de la fiesta es bendecir la semilla para la siembra de granos básicos y rogar por un buen invierno, sin embargo “con toda esta paganización a lo mejor San Isidro no está muy contento y nos ha mandado la sequía”, expresa de manera sonriente el sacerdote Julio César Videa.