Rescate de las Fiestas Patrias

Al comenzar la Semana de la Patria, en conmemoración del 144 aniversario de la Batalla de San Jacinto y del 179 aniversario de la Independencia Nacional, es necesario y oportuno recordar que hace apenas 20 años estas fiestas patrióticas estuvieron a punto de desaparecer, cuando fueron sustituidas por una conmemoración partidista del FSLN: la “Jornada Heroica de Pancasán”.

La jornada de Pancasán, un lugar montañoso en el Departamento de Matagalpa, fue un combate que ocurrió a principios de septiembre de 1967 entre efectivos de la Guardia Nacional somocista y un grupo de miembros del FSLN, en el que murieron los dirigentes guerrilleros Silvio Mayorga, Danilo Rosales Argüello, Francisco Moreno y Faustino Ruiz. Para el FSLN, el episodio de Pancasán fue el inicio de una etapa decisiva en su lucha por el poder, pues: “si bien es cierto fue un revés militar, sirvió para que el Frente Sandinista se proyectara ante las masas como la única fuerza que se enfrentaba verdaderamente a la tiranía” (Humberto Ortega, “50 años de lucha sandinista”).

Por eso fue que inmediatamente después de que tomaron el poder, en julio de 1979, los sandinistas sustituyeron las Fiestas Patrias de Septiembre con la conmemoración de su Jornada Heroica de Pancasán.

Los dirigentes de la revolución sandinista sabían muy bien lo que estaban haciendo, al sustituir las Fiestas Patrias de la Batalla de San Jacinto y la Independencia Nacional, con la conmemoración partidista del combate de Pancasán. Las conmemoraciones cumplen una función muy importante en el proceso de formación ideológica y política de las personas y los pueblos, son un complemento indispensable de la educación histórica que forma el carácter y la conducta del ciudadano de acuerdo con determinados valores, principios e ideales.

En efecto, si la educación y las conmemoraciones tienen un contenido nacional, cívico y democrático, se forma a ciudadanos con mentalidad y conducta nacionalista, civilista y democrática. Pero si la educación y las conmemoraciones son revolucionarias, internacionalistas, demagógicas y clasistas, lo que se forma es a una masa de individuos disciplinados y fieles —por encima de todo— a las dirigencias revolucionarias y totalitarias.

Es fácil comprender, entonces, las razones que tuvo el gobierno del FSLN para sustituir, ya desde septiembre de 1979, las Fiestas Patrias de septiembre con la Jornada Heroica de Pancasán. Y lo mismo ocurrió en los años siguientes de 1981 y 1982.

La celebración de las Fiestas Patrias de septiembre se reanudaron hasta en 1982, cuando por razones tácticas el gobierno del FSLN consideró que era conveniente hacerlo para tratar de contener la creciente inconformidad popular, y para neutralizar las denuncias internacionales de que el régimen sandinista había subordinado el país al comunismo internacional y a los intereses estratégicos y expansionistas de la Unión Soviética y Cuba.

Así fue que en 1982 se celebró conjuntamente la Jornada Heroica de Pancasán con los aniversarios de la Batalla de San Jacinto y de la Independencia Nacional, y la bandera azul y blanco de Nicaragua volvió a ondear en los mástiles, pero colocada en una situación inferior a la bandera rojinegra del FSLN. Sin enbargo, a partir de entonces la tradición de las celebraciones patrióticas de septiembre se fue recobrando, renació entre la mayoría de los nicaragüenses, hasta que la bandera azul y blanco de Nicaragua fue adoptada como el color simbólico de la alianza política UNO que derrotó electoralmente y desalojó del poder, en 1990, al Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Desde entonces la conmemoración de la Batalla de San Jacinto y la Independencia Nacional, el 14 y el 15 de septiembre, volvió a predominar en todo el ámbito nacional, sin ninguna mezquina competencia partidista. Y es evidente que desde entonces también los nicaragüenses en su gran mayoría se sienten mucho más identificados que antes con los símbolos nacionales, y con las tradicionales celebraciones patrióticas de septiembre que ojalá nunca más vuelvan a ser sustituidas y ni siquiera amenazadas por ninguna clase de partidismo.

Las conmemoraciones patrióticas, no chovinistas, son un instrumento para cultivar la identidad nacional y construir el futuro. No deben por tanto ser objeto de manipulaciones partidistas.  

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