- La realidad es a menudo más sorprendente que la imaginación. Vicente Padilla lo ha comprobado. Jamás pensó salir de Chinandega, pero está en el big show.
Edgard Rodríguez C. edgard.rodrí[email protected]
Vicente Padilla no tiene ahora que andar como un equilibrista sobre el muro del estadio de Chinandega para poder ver los juegos… Antes así le tocaba porque la economía de su casa no le permitía entrar por donde lo hace la demás gente.
Sin embargo, de llegar a ese parque occidental en estos momentos, seguro que el partido sería detenido para homenajearlo. Ahora es en un héroe, la inspiración de muchos que desearían seguir sus huellas hacia el béisbol de Grandes Ligas.
“Yo estaba bien chavalo y las estrellas del Chinandega eran Pablo Juárez y otros como Asdrudes Flores y Cayetano García. Pero también me gustaba ir a ver tirar a Roberto Reyes y a Martín Polanco”, señala el séptimo nica en las Mayores.
Quizá todos ellos, ahora desean un boleto para ir a observar a Padilla en el Estadio de Filadelfia. A través de su poderosa bola rápida, su compostura y sus agallas, este pinolero se ha proyectado velozmente hacia el big show y va rumbo a la cima.
“Nunca imaginé lo que ha ocurrido. Ni siquiera pensé que saldría de Chinandega. Pensaba en cosas pequeñas. En sacar mi primaria y luego aprender el trabajo del campo, pero Dios decidió otra cosa y estoy muy agradecido”, asegura Padilla.
Vicente es el hijo mayor de doña Florentina Ordóñez y de José Cruz Padilla (qepd). De entre su familia, su tío Porfirio Ordóñez fue quien jugó béisbol a un buen nivel. Y una vez que decidió enrolarse en un equipo, fue descubierto por Marcos Triguero y luego don Humberto Galeano lo llevaría al Chinandega de Omar Cisneros.
“Recuerdo que ese jodido (Omar) me botó. Me dijo que estaba muy nuevo y pensé que no podría regresar. Me desilucioné aunque en mi comarca dominaba a Róger Peralta y a Genaro Llanes y me decían que tiraba más o menos duro”, rememora.
Don Humberto viajó de nuevo a El Viejo a buscarlo y tras encontrarlo en el campo Carrasco, se lo trajo al Chinandega y ahí comenzó a convivir con el fuego. Debutó contra el Bóer con bases llenas y sólo un out y no cedió carreras.
“Orlando Ocampo bateó para doble play y ponché a Ramón Padilla”, dice Vicente con emoción en su rostro… “Luego salté a la selección y cuando se dijo que yo les interesaba a los Yanquis, pensé que a lo mejor podría hacer algo más”, agrega.
Ahora se emociona al ponchar a Piazza, Griffey y otros superestrellas, además de almacenar varios detalles históricos para su vida, que con sólo recordarlos, siente como si caminara en el aire por ese firmamento de las Mayores.
“Me emocioné cuando gané mi primer juego. Fue contra los Dodgers y en medio de un rayería fuerte de ambos equipos. Cuando conecté mi primer hit y cuando me apunté un primer juego salvado, también me sentí muy contento”, asegura.
Ahora nadie sabe qué rumbo tomará la carrera de Vicente, aunque en Filadelfia esperan que sea el cerrador que han buscado desde los días “cuerdos” de Mitch Williams, y en Nicaragua también deseamos lo mismo y algo más.
“Yo no estoy sofocado por ser cerrador. Sí me gustaría y es mi sueño, pero estar en las Grandes Ligas, aunque sea para pasarle el agua a los jugadores, es tremendo. Es que como dice Oswaldo Mairena, esto es el paraíso”, indicó Padilla.