Ajuste de cuentas

La única explicación y justificación que los líderes del gobierno y del PLC dieron al pacto libero-sandinista, es que ya no habría más asonadas sandinistas ni ninguna otra clase de alteraciones a la tranquilidad ciudadana y la estabilidad nacional.

“Bien vale París una misa”, exclamó el hugonote Enrique IV (1553-1610), cuando abjuró de su religión y se convirtió al catolicismo para poder sentarse en el trono de Francia. Bajo ese mismo “principio” se ampararon los líderes del PLC, para decir que bien valía la pena aceptar el “sacrificio” del pacto con el FSLN, a cambio de asegurar la tranquilidad ciudadana y la gobernabilidad del país.

Sin embargo, una cosa es el acuerdo, pacto o como se le quiera llamar al entendimiento entre partes políticas adversarias para concertar acciones a favor del bien común, que es como funciona el sistema democrático en todas partes del mundo. Y otra cosa, completamente distinta, es hacer un contubernio para repartirse los cargos lucrativos del Estado, reducir el umbral electoral al 35% a fin de facilitar a Daniel Ortega y el FSLN el triunfo en las próximas elecciones presidenciales, y asignar al Presidente Arnoldo Alemán una curul legislativa regalada para darle en el próximo período de gobierno inmunidad ante cualquier posibilidad de demanda por abusos y corrupción durante su gestión gubernamental. Eso no es un pacto, ni un acuerdo democrático, sino una colusión.

Y lo peor de todo es que la población de nuevo está sometida a la zozobra de la agitación, tranques de carreteras, asedios a los bancos, inclusive de una ocupación tumultuosa de la Asamblea Nacional que insólitamente fue dirigida personalmente por el líder del FSLN, Daniel Ortega –quien tiene la pretensión de volver a gobernar el país-, todo ello con el propósito de aprobar unas leyes para atender los problemas financieros de pequeños y medianos productores.

Pero es muy difícil creer que el FSLN tenga un sincero interés en resolver los problemas de los productores. En realidad, desde que estalló el escándalo financiero del Interbank, que fue politizado por el Presidente Arnoldo Alemán para golpear los intereses económicos del FSLN, se esperaba que la dirigencia sandinista iba a pasar la cuenta y a castigar al gobierno de cualquier manera.

Primero fue con la denuncia de que el gobierno intervendría el Banco de Finanzas, en el que el Ejército tiene cuantiosos intereses económicos, para azuzar a los militares contra el Presidente Alemán. Y ahora es con la manipulación política de los problemas de los productores agropecuarios medianos y pequeños, y con la exigencia de que se les condone las deudas bancarias, a fin de golpear contundentemente al gobierno y poner en evidencia su absoluta incapacidad para dar respuesta a los problemas fundamentales del país.

Pero a quien están castigando es a la población, a la economía del país, a la posibilidad de atraer inversiones extranjeras, porque muy pocos inversores se arriesgarían en un país tan ingobernable y corrupto, como es Nicaragua bajo el actual esquema de poder.

El Presidente Arnoldo Alemán advirtió el jueves pasado que las leyes exigidas por los sandinistas, son “imposibles de cumplir”. Tiene razón el presidente, por lo menos en lo que se refiere a la que proponen para condonar las deudas bancarias de los productores, que de ser aprobada y aplicada terminaría de hundir la economía del país ya suficientemente golpeada por los escándalos financieros y la corrupción gubernamental.

Pero el problema es de más fondo. Se trata de que el país no puede seguir sometido a este esquema de poder determinado por los intereses y las ambiciones de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, y por los pleitos y contubernios entre el PLC y el FSLN.

El gobierno del PLC ha perdido toda autoridad política y moral fuera del ámbito de sus partidarios. El FSLN, por su parte, sigue demostrando que no es ni puede ser una alternativa confiable de gobierno, sino al contrario.

Afortunadamente sólo falta un año y pico para que la población tenga la posibilidad de escoger libremente algo distinto y mejor que el bipartidismo libero-sandinista.   

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