Dignidad empresarial

Los empresarios nicaragüenses celebran hoy su día. Es esta una fecha muy significativa, puesto que en ella se conmemora el natalicio de un gran líder del sector empresarial que dio su vida en noviembre de 1980, en defensa del derecho de todos los ciudadanos a ser empresarios, es decir, en defensa del derecho de organizar empresas, grandes, medianas y pequeñas, para comprar, producir y vender bienes y servicios sin la interferencia indebida y abusiva del Estado. Ese empresario se llamó Jorge Salazar Argüello, y murió a la temprana edad de 41 años.

En el Día del Empresario se recuerda también a Arges Sequeira Mangas, Vicepresidente del COSEP y Presidente de UPANIC, quien fue asesinado el 23 de noviembre de 1992 para impedir sus luchas en defensa de los empresarios que fueron confiscados por el régimen sandinista.

Afortunadamente, los tiempos de la intervención abierta del Estado para impedir la actividad empresarial, han desaparecido. Atrás quedaron los años de las confiscaciones, de las expropiaciones y de los robos de propiedades y negocios, que sirvieron para alimentar –inicialmente– la voracidad de un Estado gigantesco que pretendió, en vano, sustituir a los empresarios, y –posteriormente– la codicia y rapiña de aquéllos que manejaron ese Estado como un feudo particular por más de diez años.

A partir de 1990, las cosas cambiaron para bien del país. Se reestableció un sistema que permite la iniciativa individual y que respeta la propiedad privada; se reestableció el sistema de mercado. Sin embargo, lastimosamente, nos hemos quedado cortos. Los gobiernos que hemos tenido desde entonces, y muy particularmente el actual, no han comprendido que para que la combinación, iniciativa individual y propiedad privada, den los frutos que debe y puede dar, es necesario que el Estado actúe haciendo lo que en verdad le corresponde.

Porque no es suficiente que el Estado no confisque, expropie, y encarcele a los empresarios, sino que es necesario, además, que no ponga trabas que impidan el desarrollo del sector privado. Estas pueden ser evidentes o sutiles. Una alta carga impositiva, como la que existe actualmente, no propicia la actividad empresarial. Un sistema judicial controlado partidariamente en sus altas esferas, y altamente deficiente a todo nivel en la aplicación de la ley, constituye un freno formidable a la operación y establecimiento de nuevas empresas. Reglas del juego no claras y cambiantes, combinadas con favoritismos perversos, y el uso selectivo del poder fiscal para premiar y castigar arbitrariamente, tienen un efecto devastador en la actividad empresarial y ahuyentan la inversión. Y si hay algo que opera de manera fulminante en el ánimo de cualquier inversionista, es la existencia de un gobierno en el que sus líderes se aprovechan de los cargos públicos para enriquecerse personalmente. Para desgracia de Nicaragua, esa actitud en estos momentos tiene características de epidemia.

La importancia de un gobierno verdaderamente facilitador y transparente es trascendental para que el sector privado pueda jugar su verdadero rol de ser el motor del desarrollo económico del país. Uno y otro –gobierno y sector privado– se necesitan mutuamente, pero tal necesidad no debe entenderse como un intercambio de favores económicos por lealtades políticas, sino como el requerimiento de un entorno y un ambiente claro y competitivo que propicie las inversiones y la producción, y, consecuentemente, la creación de empleos.

Aquellos empresarios que a cambio de un contrato, de una concesión o de un favor, están dispuestos a aceptar los despotismos, las arbitrariedades y el maltrato de gobernantes soberbios y corruptos, no merecen el nombre de empresarios. El invertir, producir, comprar y vender, o sea, el trabajar en y por Nicaragua, no debe ser visto por ningún empresario como una graciosa concesión del gobierno, sino como un derecho inalienable. Que el ejemplo, la entereza, e hidalguía de Jorge Salazar Argüello, quien en una oportunidad dijera: “Ni nos vamos a Miami, ni nos sometemos; y si nos vamos a la montaña es a producir divisas para este país”, sigan siendo un faro de luz para todos aquellos hombres y mujeres de empresa que quieren un país digno, libre y próspero para todos los nicaragüenses.   

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí