- Tengo la impresión de que la mayoría de los medios de comunicación han comenzado a mostrar síntomas de tener una obsesión enfermiza con lo que pasa en el Consejo Supremo Electoral
Félix Navarrete
El consejo supremo electoral está en el ojo de la tormenta. En la historia electoral de los últimos diez años, ningún organismo electoral ha atravesado por los escollos políticos que ha sorteado éste. Nadie desearía estar en el pellejo de los magistrados que diariamente tienen que luchar afanosamente para que la labor positiva pueda ser visible en medio de una montaña de ficción.
No es mentira lo que cuento, pero tengo la impresión de que la mayoría de los medios de comunicación han comenzado a mostrar síntomas de tener una obsesión enfermiza con lo que pasa en el CSE. Toda actividad vinculada o relacionada con el CSE, es suficiente pasto para alimentar las más fértiles especulaciones periodísticas sobre lo que puede suceder en las elecciones. Si se mueve una hoja de árbol en el CSE, misterio. Se habla de fraude en la máquina que acaba de adquirir el CSE para imprimir las boletas; de desconfianza en el organismo electoral; de suspicacias sobre los magistrados; soy testigo, incluso, de la pose a lo Sherlock Holme con que mis colegas llegaron a la Bodega Electoral a escuchar los detalles técnicos de la máquina. Algunos, incluso, preguntaron si se podía observar la osamenta de la máquina, para revisar con rigurosidad el engranaje. El tipo de material del cable, la marca, etc. ¿Qué pasa? Esto sólo tiene una respuesta. Hay un estado de opinión negativo que está dominando en los medios de comunicación, y que coincide con los ejes de la campaña que manejan aquellos grupos políticos que fueron eliminados del proceso electoral. Hay paranoia sobre el fraude. Se sueña con el fraude. Pero hasta ahora es un invento. Es una quimera de los excluidos, reforzada por los medios de comunicación. Es decir, los grupos políticos tienen sus voceros en los medios de comunicación. Hay una empatía de los periodistas con los líderes de estos grupos.
Vistas así las cosas, me llama poderosamente la atención el grado de prioridad que los medios de comunicación le otorgan a la actividad electoral, especialmente a la actividad de los magistrados. Hay todo un mar de suspicacias sobre lo que hace el CSE, que personalmente he preguntado a los periodistas si no hay algún objetivo extraperiodístico que sobredimensione estas coberturas y que haga de una simple actividad electoral, una noticia complicada. No hay respuesta. Sólo me dicen: “Esto es lo que interesa a los editores. El CSE es una caja de Pandora”. Y yo pregunto ¿De dónde viene esa obsesión patológica por el CSE? ¿O hay interés en que se interrumpa el proceso democrático, sólo por el hecho de que los partidos políticos que no cumplieron con los requisitos de la Ley Electoral, fueron eliminados?.
La otra vez alguien me decía que hay una campaña agresiva para que en este país se viole la institucionalidad y se creen las condiciones de un golpe de Estado. Una prueba fehaciente de esto son los ataques continuos a las instituciones y a sus dirigentes. El objetivo central es hacer creer a la población que las instituciones no funcionan, y que es necesario una solución extralegal para cambiar las reglas del juego.
Si ese es el objetivo de algunos sectores políticos, respaldados por la mayoría de los medios de comunicación, esto es lamentable porque la función periodística se está desvirtuando y los medios se están convirtiendo en agitadores de una aventura que no sólo perjudicará al periodismo sino a Nicaragua.
* El autor es periodista y Director de la Oficina de Prensa del Consejo Supremo Electoral.