Centro América insegura

Marcos A. Valle

Si continúa ascendiendo la inseguridad y la percepción de inseguridad en Centroamérica, se fortalecerán, como en el pasado, quienes creen más en la fuerza y el autoritarismo que en la democracia y el Estado de Derecho. De igual manera, se obstaculizarán los empeños por atraer inversión extranjera, desarrollar proyectos regionales y, se incentivará la violación a los derechos humanos, so pretexto que primero está la seguridad nacional y, no la seguridad humana.

Y no es que se trata de escribir sólo sobre cuestiones negativas, pero el panorama actual no es para menos. Hoy, por todos lados la delincuencia de cuello blanco y la de cuello sucio unen sus esfuerzos, aumentan y refinan sus metas, métodos y armas, mientras muchos gobiernos se distancian de la población, y en el ámbito regional se ponen más obstáculos que puentes para enlazar sus recursos y ventajas comparativas en función de mejorar la calidad de vida de la gente.

Las bandas de asaltantes a bancos y casas financieras en zonas urbanas están proliferando, apareciendo hasta en Nicaragua donde, hasta hace poco eran desconocidas, en tanto en El Salvador y Guatemala sí tienen bastante tiempo de azotar, en que ex militares y ex policías han jefeado muchas de ellas. En estos últimos países, incluyendo Costa Rica, se les ha encontrado pertrechos militares de guerra, lo mismo que celulares, computadoras portátiles, uniformes de policías y de empresas de seguridad privada, diversos tipos de vehículos y placas, y es bastante seguro que se movilizan en el área coordinando sus golpes.

Los plagios no se quedan atrás, y tan es así que en Honduras, en agosto se efectuaron tres a empresarios privados, uno muerto y dos no han regresado a sus hogares, y en Costa Rica se está discutiendo aumentar las penas por plagios de 10 – 15 años a 50 años. Desde noviembre del año pasado se han efectuado 9 plagios de fuertes capitalistas, siendo uno muerto. Por su lado, el gobierno costarricense ha anunciado que aumentará el presupuesto de seguridad para crear una unidad especializada en contrarrestar este tipo de delitos, medidas que han creado polémica en ese país. Alrededor de los plagios en la región, tampoco es remota la posibilidad que en algunas ocasiones se traslade al plagiado de un país a otro con el fin de eludir a las autoridades nacionales.

Mientras, la narcoactividad internacional, que tiene a la región más como lugar de paso y refresco que de consumo, profundiza sus raíces en los diversos sitios bañando la profundidad del litoral Caribe sin dejar de lado el Pacífico y, las rutas terrestres. Por ello no son gratuitos los esfuerzos que efectúa el Gobierno de los Estados Unidos para apoyar el combate a la narcoactividad en estos lados, tales como en el caso de El Salvador que en julio pasado se aprobó el tratado que permite, entre otros puntos, la instalación de una base de monitoreo dirigida por los estadounidenses en el Aeropuerto Internacional El Salvador (Comalapa). Iguales esfuerzos realizan en los otros países para operar contra el narcotráfico y, frenar en esta “frontera” la droga que podría consumirse en territorio norteamericano.

Y no queda lejos la proliferación de la violencia, corrupción y armas de fuego a tal grado que, están apareciendo nuevamente grupos armados en Quetzaltenango, Petén, y Santa Rosa, al tiempo que en El Salvador, de junio 1999 a mayo 2000, se estima que murieron de forma violenta 2,124 personas, siendo el 69 por ciento ocasionadas por armas de fuego. Por su parte, los fraudes, estafas, malversación de fondos y escándalos financieros pululan en la región.

Como vemos, violencia, corrupción e inseguridad se dibujan y van en ascenso en el ambiente del istmo si no se aplican medidas preventivas de índole social, económica, político, educativas, y coercitivas, al tiempo que se lucha porque resplandezca la justicia para todos. Y estas acciones urgen, pues de lo contrario, cuando menos pensemos, empezarán a saltar voces exclamando que sólo la mano dura y firme sirve para acabar con la delincuencia y mejorar la seguridad ciudadana, vía que con olor a militarismo, pobreza, autoritarismo y violación a los derechos humanos, conocemos y queremos dejar atrás los centroamericanos.

El autor es consultor en seguridad ciudadana

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