La Cumbre del Milenio

  • La Cumbre del Milenio reúne a delegados de unos 160 países para que autoricen a las Naciones Unidas a instrumentar una serie de recomendaciones diseñadas para crear un “gobierno global”

Henry Lamb*

Hollow rock, tennessee (aipe) la prensa no ha reportado mucho sobre las ideas a discutirse en La Cumbre del Milenio que celebra las Naciones Unidas del 6 al 8 de septiembre. La Internet, por el contrario, ha estado repleta de artículos e información sobre la reunión más grande de líderes mundiales de la historia.

Según algunos, el mundo como lo conocemos dejará de existir el 9 de septiembre. Otros mantienen que los temores son exagerados y que el peligro de un gobierno mundial no es más que los sueños de ONGs (Organizaciones No Gubernamentales) radicales y de extrema izquierda.

Ambas posiciones están equivocadas. La Cumbre del Milenio probablemente es la conferencia más importante en la historia de la ONU. El propósito de la Cumbre del Milenio es reunir a delegados de unos 160 países para que autoricen a las Naciones Unidas a comenzar a instrumentar una serie de recomendaciones diseñadas para crear un “gobierno global”.

Los cambios no serán inmediatos. Algunos cambios tardarán varios años, pero son más que sueños de radicales. Se trata de darle el sello de validez a un proceso que ha venido adelantando la ONU sin autorización oficial.

La idea tras un “gobierno global” es la subordinación de la soberanía nacional a la llamada transnacionalización democrática y ese sueño de los radicales bien podría convertirse en la pesadilla de un mundo controlado centralmente por una inmensa burocracia que desarrolla y administra las políticas.

Las acciones específicas que se han recomendado para llegar a ese gobierno global no son ideas de las ONGs, las cuales han servido de simples peones y para dar la apariencia de gozar de apoyo generalizado. Esas recomendaciones han ido tomando forma a lo largo de una serie de conferencias llevadas a cabo durante las últimas dos décadas y que fueron definidas en un informe de 410 páginas, titulado “Nuestro vecindario global”, publicado en 1995. Desde entonces, esas recomendaciones se han seguido refinando y hasta cierto punto se han comenzado a poner en práctica bajo un proceso dirigido por el canadiense Maurice Strong, Coordinador Ejecutivo para la Reforma de la ONU, quien fue miembro de la Comisión sobre Gobierno Mundial.

Todas las recomendaciones formuladas hasta ahora han sido sólo eso: recomendaciones. La aprobación de la Declaración del Milenio, o como se llame el documento a redactarse, permitiría la adopción de todas esas recomendaciones. Algunas de ellas, como los impuestos globales ya han sido aprobadas por el gobierno del Canadá e introducidas a la consideración del Congreso de Estados Unidos. Por lo tanto, no se puede seguir diciendo que se trata sólo de sueños de los más radicales ONGs. La declaración a ser publicada el 9 de septiembre seguramente expresará los objetivos a alcanzarse por la instrumentación de las recomendaciones, en lugar del listado de recomendaciones en sí. Y muy probablemente autorizará la creación de una comisión especial para hacerle seguimiento a la necesaria reestructuración y reformas de la ONU, con el fin de alcanzar esos mismos objetivos.

Entonces, la ONU contará con la autorización de la Asamblea General y con las firmas de los jefes de estado de la mayoría de las naciones del mundo para comenzar a implementar las recomendaciones sobre el gobierno global.

La mayoría de los habitantes de la tierra verían a un gobierno global como una franca mejoría sobre sus condiciones actuales. Pero para aquéllos que defendemos los principios de libertad diseñados por los próceres americanos, esto sería un inmenso salto atrás. Un gobierno global no sólo subordina la soberanía nacional a un poder supranacional, sino que considera la libertad individual como algo sujeto al visto bueno o al rechazo del gobierno. La propiedad privada es vista como un obstáculo a la justa distribución de los recursos del planeta y la prosperidad privada se desprecia como simple avaricia personal, contraria a los intereses de los países pobres.

La manera de parar toda esta tragedia mundial es suspendiendo el financiamiento de las Naciones Unidas antes que esa organización obtenga su independencia al imponer un sistema de impuestos globales. El camino por el que avanza la ONU retrasaría por un siglo o más el descubrimiento por parte de las naciones pobres que la libertad individual, la propiedad privada y los mercados libres representan el único camino al bienestar general.

* Vicepresidente ejecutivo del Environmental Conservation Organization.

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