- El Ejército todavía goza de un margen de autonomía importante frente al poder civil, pero aun así, su carácter nacional va afirmándose gradualmente
Luis Humberto Guzmán
Un vistazo de la historia de Nicaragua respecto a sus cuerpos armados permite establecer dos componentes fundamentales: en primer lugar el carácter privado, efectivamente, todos los cuerpos armados que han existido en la historia de Nicaragua, desde aquellas bandas irregulares y discontinuas organizadas para dirimir conflictos entre partidos, en el siglo XIX, pasando por la Guardia Nacional hasta llegar al Ejército Popular Sandinista, todas han tenido un carácter privado, han servido a personas, familias y a partidos, pero han estado carentes de una vocación nacional.
En segundo lugar, han sido los líderes políticos quienes han instrumentalizado a los hombres armados, los cuerpos armados no han prevalecido sobre los líderes civiles sino que históricamente ha sido a la inversa. Los líderes civiles, incluso se han vestido de uniforme para ejercer mejor su dominio y control sobre los cuerpos armados.
LOS CAMBIOS DE LA TRANSICION
Con el gobierno de doña Violeta Chamorro en 1990 se introdujeron cambios en las Fuerzas Armadas: se suprimió el servicio militar, los oficiales del Ejército abandonaron sus cargos partidarios en el Frente Sandinista, el número de efectivos se redujo a 15 mil, los asesores militares extranjeros abandonaron Nicaragua, se dio publicidad al gasto militar, los órganos de inteligencia se trasladaron del Ministerio del Interior al Ejército y sus actividades se limitaron a la recolección de información, pero perdieron sus facultades operativas para practicar cateos y capturas directamente.
La aprobación del Código Militar en 1994 y las Reformas Constitucionales en 1995 introdujeron nuevas transformaciones en las Fuerzas Armadas: se fortaleció la autoridad del presidente de la República para nombrar y destituir al jefe del Ejército, se confirieron atribuciones a las autoridades civiles en materia de defensa, el presidente de la República autoriza los ascensos a partir del grado de general, se suprimió el fuero atractivo militar, desapareció el rol de arbitro constitucional del Ejército, se prohibió el espionaje político, se cambió de nombre al Ejército y su mentor y Jefe fundador, general Humberto Ortega pasó a retiro pacíficamente.
Todas estas transformaciones han producido el hecho inédito en Nicaragua, que por primera vez tengamos un Ejército de carácter nacional, se trata de unas fuerzas armadas que son de naturaleza pública y no de carácter privado. El Ejército todavía goza de un margen de autonomía importante frente al poder civil, pero aun así, su carácter nacional va afirmándose gradualmente.
El Ejército de Nicaragua ahora goza de legitimidad y simpatía de la sociedad nicaragüense, probablemente la percepción de unas Fuerzas Armadas de carácter nacional, ya no de servicio familiar como la Guardia Nacional, ni de servicio partidista como el antiguo EPS, han contribuido a una visión positiva.
Es justo reconocer que este cambio del Ejército de partidario a nacional, es un evento singular, pues fue realizado por un mismo liderazgo, el que mostró versatilidad y cintura para asimilar los cambios del mundo y de Nicaragua.
LA SITUACION ACTUAL
El Ejército de Nicaragua ya no interviene en asuntos políticos. Desde 1994 hasta esta fecha han ocurrido en el país crisis institucionales importantes respecto a las cuales el Ejército se ha mantenido rigurosamente al margen, un ejemplo visible fue la crisis constitucional de 1995, en que la Asamblea Nacional y la Presidenta de la República disputaron sobre la vigencia de las reformas, en las elecciones de 1996 el ejército no expresó preferencia alguna.
Las relaciones cívicos militares no son una amenaza para la gobernabilidad de Nicaragua, desde el retiro del general Humberto Ortega, los asuntos cívicos militares han descendido de importancia en la agenda nacional, las relaciones del Presidente de la República han sido fluidas con los mandos militares tanto con el general Joaquín Cuadra como con el general Javier Carrión.
El Ejército de Nicaragua ha aceptado enteramente su subordinación a la autoridad civil, sus actividades se encaminan a tratar de defender sus intereses corporativos, realmente de eso se trata en el asunto del Banco de Finanzas, de proteger una inversión de ocho millones de dólares del Ejército para pagar las pensiones de sus oficiales retirados, no fue una intromisión en la política monetaria del país, ni en los asuntos de la Superintendencia de Bancos, sino simplemente la defensa de un interés corporativo.
¿AGENDA MILITAR O AGENDA CIVIL?
Es evidente que el Ejército de Nicaragua goza de un importante margen de autonomía ante el poder civil, tiene monopolio de iniciativa para el nombramiento de su jefe, así como para proponer los ascensos para los grados de general, la administración independiente de su presupuesto y control absoluto sobre los órganos de inteligencia.
El incremento del control de los civiles sobre las Fuerzas Armadas debe de ser un punto en la agenda de los civiles. Es absurdo esperar que la iniciativa provenga de los militares. Pero el Presidente Arnoldo Alemán y su partido carecieron durante su administración de iniciativa alguna para afirmar la autoridad civil sobre las fuerzas armadas.
El actual liderazgo de las fuerzas armadas ha mostrado menos autoritarismo y más sentido común que algunos civiles y ex militares. Paradójicamente han sido civiles quienes en momentos de crisis han buscado soluciones en hombres fuertes y solicitado golpes de Estados. Así ocurrió en aquella crisis de 1994, cuando prominentes líderes empresariales le solicitaron al general Humberto Ortega un golpe de Estado, algo parecido ha ocurrido ahora con los asuntos bancarios, cuando nuevamente civiles han animado al Ejército a que intervenga en asuntos políticos, incluso algunos ex militares han querido involucrarlo en temas electorales.
Se puede afirmar, en ocasión del XXI aniversario del Ejército, que éste se ha transformado de una entidad partidista, en una de carácter nacional, que acepta su subordinación al poder civil y no amenazan la gobernabilidad de Nicaragua.
* Luis Humberto Guzmán es autor del libro “Políticos en uniforme”.