- Desaparecida la “amenaza comunista” era preciso inventar un nuevo y torvo enemigo que justificara los inmensos gastos de defensa y la expansión militar de EEUU en el mundo, dice jurista
Eduardo Marenco [email protected]
El Acuerdo Antidrogas firmado entre el gobierno de Estados Unidos y Costa Rica, ratificado por el cuerpo legislativo costarricense el 28 de septiembre de 1999, otorga una “patente de corso” a EEUU en su lucha antinarcótica, aseguró Augusto Zamora, experto en Derecho Internacional y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.
Zamora señaló que EEUU “está tejiendo una densa tela en la región del Caribe so pretexto del combate al narcotráfico. Bajo esa causa está llenando el continente de bases e instalaciones militares, de Argentina a México. En más de un sentido, la región está siendo devuelta a los años 20 y 30, cuando el Ejército norteamericano había convertido el Caribe en una prolongación de su territorio”.
El experto en Derecho Internacional opina que un Acuerdo Antidrogas entre Estados Unidos y Nicaragua, similar al rubricado por Costa Rica, requeriría una Reforma a la Constitución nicaragüense que prohíbe la presencia de tropas militares extranjeras en territorio nacional, si no es por razones humanitarias.
Zamora propuso que Estados Unidos brinde los medios (aviones, lanchas) para que el personal ya capacitado del Ejército de Nicaragua brinde persecución al narcotráfico, lo cual sería respetuoso de nuestra soberanía.
LA PRENSA: Doctor Zamora, a la luz de la Constitución nicaragüense, ¿tiene cabida un Acuerdo Marítimo Antidrogas que permite a guardacostas de Estados Unidos patrullar en mar territorial a la búsqueda de narcotraficantes?
AUGUSTO ZAMORA: “El artículo 92 de la Constitución es claro y taxativo al respecto. No sólo prohíbe el establecimiento de bases militares extranjeras en el territorio nacional, sino que proscribe toda presencia militar extranjera, salvo para fines humanitarios, cuando medie permiso expreso de la Asamblea Nacional, a petición del Gobierno del Estado.
A tenor de la norma constitucional no cabría firmar un tratado que permita la presencia y actividades de fuerzas militares de un Estado extranjero dentro del territorio de Nicaragua.
La redacción del artículo 92 es sumamente restrictiva, pues únicamente deja puertas abiertas a la presencia militar extranjera con carácter humanitario. En rigor jurídico, nada que escape a los fines humanitarias está permitido. Por lo tanto, un tratado entre Nicaragua y EEUU, similar al suscrito por Costa Rica en 1998 y ratificado en 1999 obligaría, dentro de nuestro orden jurídico, a modificar la Constitución.
El acuerdo entre estos dos países permite a EEUU, por ejemplo, actuar autónomamente en labores policiales y represivas dentro del territorio costarricense, mantener presencia naval y aérea permanente, así como utilizar libremente el espacio aéreo y los aeródromos de Costa Rica.
De hecho, aunque se intente disfrazar con reafirmaciones de la soberanía de Costa Rica, ese tratado es casi una patente de corso en beneficio de EEUU en cuanto a actividades de narcotráfico, según apreciación de EEUU. Un acuerdo así sería jurídicamente inconstitucional en Nicaragua y políticamente bochornoso”.
LP: En un balance previsorio, ¿qué beneficios y perjuicios podría traer un Acuerdo Marítimo Antidrogas con Estados Unidos a Nicaragua?
AZ: “EEUU está tejiendo una densa tela en la región del Caribe so pretexto del combate al narcotráfico. Bajo esa causa está llenando el continente de bases e instalaciones militares, de Argentina a México. En más de un sentido, la región está siendo devuelta a los años 20 y 30, cuando el Ejército norteamericano había convertido el Caribe en una prolongación de su territorio.
En lo que a Nicaragua respecta, hay dos factores en juego que pesan en el ambiente. Uno, el proceso de normalización de relaciones con el Ejército de Nicaragua, con el que estuvo objetivamente en guerra en la década de los 80. En las circunstancias actuales, es necesaria e inevitable esa normalización. El punto es el costo de la misma. Nuestro país es el único que no ha suscrito un acuerdo sobre narcotráfico. Habrá que firmar uno, pero ese acuerdo debe ser sumamente respetuoso de nuestra maltrecha soberanía.
EEUU no puede pretender un acuerdo de aguas y cielos abiertos a su poder naval y aéreo. La lógica es que proporcione medios y recursos a nuestro Ejército para que mejore su capacidad operativa y pueda así combatir con mayor eficacia esa lacra. La Fuerza Naval tiene personal capacitado para esas funciones, como la Fuerza Aérea tiene pilotos. Lo que no se tiene son medios y recursos.
Un acuerdo respetuoso de nuestra soberanía y que refleje un interés real en combatir coordinada y cooperativamente el tráfico de drogas debe partir de un apoyo material generoso y de la pertinente asesoría técnica. El sabio dicho de que no hay que dar un pez, sino enseñar a pescar. Que entrenen, capaciten y provean los medios necesarios, para que los nicaragüenses podamos proteger nuestro territorio del narcotráfico y colaborar con EEUU en cortar las rutas de suministro. Lo otro sería convertir la guerra al narcotráfico en un disfraz para una nueva ocupación de Nicaragua. Eso, en mi opinión, no debe permitirse.
LP: ¿Cuál es la lógica que usted encuentra a la implementación de este tipo de Acuerdos de parte de Estados Unidos?
AZ: Ese es un tema de gran debate. Hace pocos días el diario Los Angeles Times reseñaba la política de EEUU hacia el narcotráfico en Centroamérica como un proceso de remilitarización de la región, advirtiendo de las consecuencias de ese hecho en unos países de democracias frágiles y corruptas. También se denuncia que el enfoque norteamericano respecto al narcotráfico es excesivamente militarista. Otros apuntan que el celo que demuestran en América Latina está ausente dentro de EEUU, donde residen los verdaderos capos de la droga. Y está la no menos consistente acusación de que, desaparecida la “amenaza comunista” era preciso inventar un nuevo y torvo enemigo que justificara los inmensos gastos de defensa y la expansión militar de EEUU en el mundo. Hay que recordar que, a pesar de haber desaparecido la URSS y el Pacto de Varsovia, EEUU dedica 290.000 millones de dólares en el campo militar. Es obvio que necesita enemigos. El problema es que no los hay. Sin menospreciar la peligrosidad del narcotráfico, es éste un tema sobredimensionado, magnificado, amplificado, que permite a EEUU justificar muchas políticas de viejo cuño. La presencia militar en nuestros países, por ejemplo, o políticas intervencionistas como las que están en marcha en Colombia.
En fin, que no es oro todo lo que reluce, para decirlo de alguna manera. Por eso mismo debemos ver, en Nicaragua, con la debida prudencia ese tipo de acuerdos, reiterando siempre la disposición de cooperar en la guerra contra las mafias del narcotráfico”.