Corrección no necesariamente incorrecta

Todo idioma tiene características dinámicas,

por ello usamos términos que por su uso se han diseminado en todo el mundo de habla española. Que una palabra no aparezca en un diccionario (aún en el más prestigiado) no es señal que su uso sea incorrecto. Un ejemplo común es la palabra “concientizar”, un verbo utilizado abundantemente, aún por los más cultos.

Una búsqueda en “Google” (www.google.com) con la opción de “español” seleccionada resulta en 5310 aciertos para “concienciar” y 4770 aciertos para “concientizar”.

Los verbos terminados en -izar son muy comunes en el idioma (derivados por la combinación de un sustantivo con la terminación). La combinación de sufijos y prefijos a los diferentes tipos de términos es lo que se denomina construcción de vocabulario. Las palabras creadas no necesariamente están incluidas en un diccionario, sin embargo, éste indica su posible formación, no necesariamente si es correcto o incorrecto.

Por ejemplo, quien no estaría de acuerdo en llamar “mabuela” a la abuela materna, o “pabuela” a la abuela paterna (si el uso de estos términos fuera común, se me facilitaría un poco la vida, evitándome especificar cada vez que menciono “abuela” que se trata de mi abuela materna o paterna). De manera similar: matía, patía (a cuantos nos toca especificar que se trata de una tía por parte de madre o padre).

No niego tampoco que hay términos que no “suenan” tan atractivos. Pero por ello no significa que sean incorrectos, tal vez son poco comunes. Si estoy de acuerdo con el Sr. Sequeira Monge que aparecen incorrecciones en este diario (muchas y muy frecuentemente).

La Real Academia Española hace muchos esfuerzos por darnos una guía oficial, esto no significa que sea una referencia absoluta, mucho menos completa; sin embargo se queda muy corta en sus inclusiones. Por esta razón existen academias de la lengua en diferentes países latinoamericanos, y una de sus tareas es proporcionar una referencia del desarrollo del idioma localmente (existen algunas publicaciones sobre el habla nicaragüense, pero no sé si existe algún diccionario oficial del español nicaragüense).

La existencia de tantos términos sin incluir en un diccionario hace muy difícil el trabajo de oficializarlos.

En la edición digital de LA PRENSA apareció en varias ocasiones, en la sección de opinión, algunos artículos sobre el uso del idioma escritos por una maestra. Tal vez hacen un esfuerzo para incluir una sección del idioma.

Estoy seguro que muchos estaríamos agradecidos por esa labor educativa.

Fabio Luna.

Estocolmo, Suecia.  

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