- La Nicaragua de Alemán exporta menos y debe más que la Nicaragua que dejó caminando doña Violeta, con lo que queda claro que en esta materia no hay ningún cambio sin violencia, sino más bien un violento retroceso
Antonio Lacayo
Escuchar al presidente Alemán los lunes por la tarde, en su programa semanal de Radio Nicaragua, resulta entre gracioso y preocupante, especialmente cuando se refiere a la “transformación del país” que según él comenzó con su entrada al gobierno en 1997, producto de lo que él llama el “cambio sin violencia”.
Digo gracioso porque da la impresión de que quien habla es un animador de circo que intenta entretener a un grupo de niños. Resulta difícil tomarlo en serio cuando dice que antes que iniciara su mandato todo era noche oscura y ahora plena luz.
Todos sabemos que esa famosa frase de la claridad de hoy contra la noche oscura de antes, la dijo Su Santidad Juan Pablo II, cuando nos visitó por segunda vez en febrero de 1996, siendo presidente de la República no Alemán sino doña Violeta de Chamorro, cargo que ejercía con gran dignidad y respeto para todos.
Alemán hace enormes esfuerzos por hacernos creer que la claridad es la de hoy, bajo su gobierno, cuando la verdad es que si viniera por tercera vez Su Santidad, no sabemos lo que diría, pues es seguro que hasta Roma ha llegado su fama con La Chinampa, la carretera al Chile, y las otras “oscuridades” del actual gobierno.
Por otra parte, las mismas estadísticas del Banco Central, muestran con meridiana claridad que mientras justo al terminar el período de doña Violeta, Nicaragua logró exportar 626 millones de dólares, dos años después solamente exportó 544 millones, haciendo que el déficit comercial o saldo rojo del país haya pasado a la peligrosa cifra de 1.302 millones, lo que sin duda alguna está tensionando nuestra moneda a niveles que sólo las remesas de los nicaragüenses en el exterior la están logrando mantener a flote.
Adicionalmente, mientras en 1996 el país tenía una deuda externa de 6,094 millones, ésta ha subido a 6,482 millones al día de hoy, a pesar del esfuerzo que el presidente ha hecho para adueñarse del logro de la reducción de la deuda, cuando todo mundo sabe que este logro fue del Gobierno de doña Violeta, que, sin tanta bulla, bajó la deuda de 12,000 millones a la mitad. En otras palabras, la Nicaragua de Alemán exporta menos y debe más que la Nicaragua que dejó caminando doña Violeta, con lo que queda claro que en esta materia no hay ningún cambio sin violencia, sino más bien un violento retroceso.
Pero si el presidente no habla del tema económico, y dijéramos que se refiere a la relación de Nicaragua con la Comunidad Internacional, nos encontramos que mientras doña Violeta logró obtener donaciones de 325 millones por año durante sus siete años de gobierno, Alemán solamente ha logrado conseguir 126 millones por año en sus primeros tres años de gobierno, y eso a pesar de la tragedia ocasionada por el huracán Mitch que sensibilizó a los donantes a dar más de lo que tenían previsto.
Evidentemente aquí tampoco hay ninguna transformación positiva, sino más bien un deterioro preocupante por el abandono en el que está quedando Nicaragua por culpa de un presidente que desprecia a los suecos, se pelea con los suizos, habla mal de las ONG, y no se preocupa por mejorar su deteriorada imagen con los donantes, aunque sea por el bien de Nicaragua.
Pero si el presidente tampoco es de este otro tema que habla, y dijéramos que se refiere al tema de las libertades públicas y el respeto a la voluntad popular, nos encontramos que mientras doña Violeta abrió los espacios democráticos como nunca antes se había visto en la historia del país, Alemán los ha cerrado promoviendo una ley electoral en maridaje con Daniel Ortega para nombrar un Consejo Supremo Electoral sumiso y desacreditado, eliminar por decreto a los partidos minoritarios y sacar del juego electoral por inhibición a todo aquel que es visto como una amenaza a su cobarde concepto de competencia electoral.
Francamente es difícil ver cuál es el cambio sin violencia y la transformación a que se refiere el presidente, y eso es la parte más preocupante, pues lo que se escucha en cualquier lugar donde dos o más nicaragüenses se reúnen para conversar sobre la situación que vivimos hoy día, es que ya no se aguanta tanta corrupción, tanto desgobierno y tanto cinismo, pues a la noche se le llama día, a la recesión económica se le llama progreso, y a la incertidumbre de la inmensa mayoría se le llama confianza en el futuro.