Rivalidad o celos

Emilo Alvarez

La frustrada reunión de Vicente Fox en Costa Rica con los presidentes centroamericanos, puso en evidencia el clima de suspicacia casi paranoica, que plaga a Centroamérica y que se traduce en un deterioro del plan integracionista. En partes son problema del subdesarrollo y en otros debido a tensiones provocadas por disputas fronterizas que non han sido resueltas.

Desafortunadamente los asesores del presidente electo de México no fueron informados de las rivalidades personales y vanidades parroquiales que frecuentemente dominan en el trato de los presidentes de la región. Tal vez si hubieran consultado con los embajadores del país azteca en istmo (que siguen muy de cerca el juego) se hubiera podido planear mejor un encuentro que sigue siendo necesario.

Ese clima de desconfianza que impregna las relaciones internas del istmo, se evidenció recientemente al establecerse la Trinacional. Esta estrategia que no fue planeada para ser excluyente, colocó sin embargo frente a frente a los dos bloques que tradicional y solapadamente han existido en el istmo. Por un lado los integracionistas como Guatemala, El Salvador y Nicaragua (que hasta cierto punto son complementarias en sus economías) y que además toleran el liderato de la vieja Capitanía General de Guatemala como epicentro convocador. Por otro lado, los aislacionistas, a saber Costa Rica y Honduras, aunque estos dos últimos por diferentes razones.

Los hondureños que son en su mayoría hombres de montaña son propicios al aislamiento y al egoísmo, como lo prueba la entrega a Colombia del patrimonio caribeño de Nicaragua a cambio de un plato de lentejas: el paralelo 15. Contra ello no pudo nada ni el Parlacen ni la Corte de Justicia Centroamericana por la sencilla razón que están pintados en la pared, aunque nos cuesta varios millones de dólares.

A su vez los ticos siempre han huido de la “peste política” que según ellos infecta a Centroamérica irremediablemente por lo que prefieren guardar distancia. Sin embargo no pierden oportunidad para jugar un papel paradigmático de democracia modelo sin comprometerse en nada. Esta situación es tanto más paradójica en cuanto Costa Rica es la pieza más desarrollada del presunto sistema integracionista que sin ella permanece aquel incompleto. Curiosamente José Figueres, padre e hijo han sido los presidentes costarricenses que siempre entendieron las ventajas de acercarse a Centroamérica y a los nicas. Esta actitud abierta les facilitó conseguir un modus vivendi en sus empeños de juguetear en las aguas del Río San Juan.

En realidad la región necesita un país líder, fuerte y regional que le brinde oportunidades de dinamizarse. En el pasado reciente México no pudo desempeñar ese rol por encontrarse prisionero del PRI. Ahora con el triunfo de Vicente Fox y el histórico proceso eleccionario se abre un nuevo escenario. La oportunidad es grande porque además Centroamérica posee ahora un tratado de libre comercio con México. Este a su vez se haya conectado con los megamercados del Canadá y los EE.UU. lo cual de alguna manera nos beneficiará. En resumen el fallido encuentro del presidente electo Vicente Fox y sus vecinos centroamericanos sirvió para señalar nuestras debilidades. Un nuevo coloquio debe plantearse aunque mejor organizado.

* El autor es médico oftalmólogo y analista político.  

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