Carol Munguía – [email protected]
CHINANDEGA.- La tragedia golpeó las puertas de un hogar del barrio “La Cruz” en Chinandega. La joven comerciante Sandra María Espinales, de 29 años de edad, fue asesinada en una de las calles de la capital salvadoreña la semana pasada.
Su madre, Gloria Sevilla, dijo que recibió una llamada telefónica donde le anunciaron el deceso de su hija, quien salió el pasado 23 de agosto con rumbo a El Salvador, país al que constantemente viajaba por razones de negocios.
“Fue en una calle de San Salvador. Mi hija, junto con un amigo de origen salvadoreño, circulaban en un vehículo que fue rafagueado por cuatro elementos desconocidos que pretendían robarles, según me informaron”, dijo la adolorida madre.
“El cadáver de mi hija permaneció durante varios días en una morgue en San Salvador en espera de la ayuda de la embajada nicaraguense para repatriarla, pero las autoridades nicaraguenses se negaron”, explicó. Finalmente, con el cadáver vino un miembro del organismo de Derechos Humanos de El Salvador para entregar los restos de la occisa a sus familiares.
La madre, debido a su estado emocional, no logró identificar el nombre del samaritano que ayudó al traslado del cuerpo de su hija pero detalló que la Policía salvadoreña se hizo cargo del caso y que en este momento hay dos sospechosos detenidos en las cárceles preventivas.
“El ataúd venía sellado; no pudimos saber cuántos balazos le impactaron y cómo murió el acompañante de ella. Lo único que sabemos es que no encontraron las pertenencias y que lograron identificar el cadáver por los familiares de la otra persona que murió junto a ella¨, agregó.
Ayer se realizó el sepelio de la mujer que deja en la orfandad a tres menores: Darwin Alfredo, de 11 años, Ivette, de 8 y Ritzi, de 6 años.
Comerciantes chinandeganas que circulan sobre la ruta Nicaragua a Guatemala y países vecinos, advirtieron del peligro que corren una vez fuera del país. “La delincuencia está más acentuada en aquellos lados y nosotros nos jugamos el pellejo en cada viaje, aseguró Javiera Pastrán, amiga de la víctima.