Erasmo Medina
Ante los últimos acontecimientos
ocurridos en el escenario político nacional lo cual ya todo ciudadano nicaragüense con un poco de sentido común veía venir como una situación que inexorablemente iba a presentarse, empeorando la ya deteriorada imagen de los dos partidos políticos actores y autores de una denigrante componenda, para repartirse los cargos públicos como se reparte un botín entre corsarios, viene la obligada pregunta lógica de si ya el vaso ha llegado a un nivel tal que para evitar su rebasamiento y rompimiento como un frágil cristal, se hace necesario tomar alguna acción que permita retornar los niveles del vaso a la normalidad.
En otras palabras, es evidente que estamos a las puertas de una catástrofe aún mayor si las cosas siguen como van, mientras las esperanzas del pueblo se esfuman como producto de la imposición de políticos y políticas derivadas de las ridículas “reglas del juego” inventadas y armadas a su antojo y para su propio beneficio, por las cúpulas de los dos partidos hegemónicos que hasta hoy han venido desgobernando a nuestro pequeño y desdichado país.
Si analizamos fríamente la coyuntura por la que atraviesa actualmente Nicaragua, podríamos decir que todo parece indicar que las condiciones están dadas para un golpe militar, o dicho de otra manera, la jugada lógica que ya está escrita en cualquier idioma cuando le dan la señal de toque al bateador o base intencional al pitcher, pero cuando analizamos más a fondo la situación particular del país, debemos tomar en cuenta de que el Ejército nicaragüense, querrámoslo o no, sigue siendo fiel al FSLN quien es su creador y mientras subsista ese matrimonio político con el PLC el Ejército no tendrá ningún interés en intervenir y mucho menos dar un golpe de Estado al gobierno que representa una alianza sólida con el partido rojinegro para asegurarse la continuidad en el poder.
El otro aspecto a considerar es si la administración actual de los Estados Unidos darían el aval para que se lleve a cabo el golpe militar y proporcionar toda la ayuda económica necesaria para garantizar elecciones verdaderamente libres que se traduzcan en un bienestar firme y duradero para el pueblo nicaragüense, porque no podemos tapar con un dedo la influencia que la poderosa nación norteamericana ha venido ejerciendo históricamente en Nicaragua y demás países de la región.
Es hora de reflexión y prudencia para evitar derramamiento innecesario de sangre entre hermanos, y recordemos que el pueblo pobre es el que siempre ha puesto los muertos en forma estéril ya que su situación en vez de mejorar se ha tornado en una espiral de sufrimiento y miseria difícil de superar mientras existan gobiernos y gobernantes que sólo les interesa posiciones de poder y el enriquecimiento ilícito sin importarles los daños a los miles de nicaragüenses que dieron su voto por un verdadero cambio, con la esperanza de una vida mejor.
* El autor es ingeniero agrónomo.