Jorge [email protected]
Un día de estos me preguntaba que qué habría pasado con los italianos interesados en invertir en Corn Island la nada despreciable suma de 3 millones de dólares en la construcción de un hotel de lujo destinado al turismo internacional. ¿Se habrían ido? ¿Estarían todavía aquí? (Se recordará que hace cuatro semanas esos señores tuvieron el inenvidiable honor de ser huéspedes por unas cuantas horas de la cárcel de Corn Island, luego de que algunas personas que se oponen al progreso y al desarrollo de la isla levantaran una falsa acusación en su contra).
Preguntándome estaba eso, cuando vi en la televisión que al día siguiente, a las 7 de la mañana, estarían en el programa La Nación en Debate, junto con unos representantes de los que se oponen a su inversión. A esa hora yo tenía un compromiso, pero estando muy interesado en conocer la situación actual del caso, decidí programar mi equipo de video para grabar el debate y poderlo ver más tarde. Así lo hice. Unas horas después me instalé frente a mi televisor para enterarme de lo que ambas partes tenían que decir al respecto. Por un lado estaban uno de los italianos y el alcalde de Corn Island, que apoya la inversión, y por el otro, estaban los que se oponen al proyecto: un miembro del autoproclamado “Movimiento por la Defensa y la Dignidad de Corn Island”, y un ecologista afiliado a una ONG llamada Funcod.
Observé que los que se oponen al proyecto no presentaron argumentos que justifiquen cancelarlo, y ni siquiera reubicarlo, como dicen pretender. Fue triste escuchar a uno de ellos argumentar que el proyecto no es un generador de empleos, ya que, “sólo empleará a 26 personas en el área de servicio”. Lo dijo en un tono despectivo, como que esos trabajos no fueran necesarios en la pequeña y empobrecida isla. Dejó entrever, además, su incapacidad para apreciar el efecto multiplicador positivo que tendría esa construcción en la promoción de futuras inversiones turísticas, aunque -después pensé- quizás lo percibe, y es eso, precisamente, lo que pretende impedir.
Es fácil ver que en cualquier análisis de costo-beneficio que se hiciera a la inversión propuesta por los italianos, se pondría en evidencia que los beneficios que le produciría a la población cornaileña serían muy superiores a los costos en que ésta incurriría. El alcalde, George Howard, está consciente de eso, y, muy acertadamente, aspira a que hayan otras inversiones similares en su municipio. Está claro, asimismo, de que el aumento poblacional de Corn Island exigirá, eventualmente, la instalación de plantas desalinizadoras para convertir agua de mar en agua potable. Su adquisición, sin embargo, sólo será posible si la economía de la isla crece con inversiones como la referida.
Cuando el 7 de agosto recién pasado escribí un artículo en el que me manifestaba a favor de la inversión italiana, recibí varios comentarios favorables al mismo, pero también recibí la opinión de un norteamericano que dice ser “cooperante en Nicaragua desde 1995”, quien, además de endilgarme el piropo de “ignorante”, me preguntó que si lo que yo deseo es que —en caso que se construyera el hotel— “llegara otra inversión del Hotel Princess, o del Cinemark, o McDonalds, para establecerse al lado de su apreciado hotel Italiano.” Mi respuesta a su pregunta es que sí; que eso es exactamente lo que deseo, para que la gente de Corn Island tenga trabajo y mejore su nivel de vida, como ha sucedido en las islas de Gran Caimán y en otras islas caribeñas que le han abierto los brazos a las inversiones extranjeras.
Pero en todo esto hay algo mucho más preocupante. Es la actitud yoquepierdista y poco interesada de las autoridades del Gobierno de Nicaragua que tienen que ver con la promoción y el desarrollo de las inversiones. ¿Dónde están? ¿Qué han hecho, para impedir que se vaya de Nicaragua una inversión más? En mi artículo del 7 de agosto decía que este problema no debe dejarse en manos del MARENA ni del Consejo Regional del Atlántico Sur, y eso es precisamente lo que han hecho. Quiero insistir: el Gobierno debe asumir su responsabilidad en este asunto. Y a los italianos -si llegaran a leer estas líneas- les pediría que perseveren; que no se desanimen, y que espero y deseo que su inversión se materialice, para beneficio de ellos, de Nicaragua, y de los habitantes de Corn Island.
El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA