El problema de la leche

Julio C. Somarriba

Todos los años se produce el mismo fenómeno, cuando llegan las lluvias la producción de leche aumenta de manera considerable, sobre todo en las zonas privilegiadas donde las lluvias son abundantes y durante la estación seca esta producción baja a su mínima expresión. Los precios de la leche se comportan a la inversa, varían desde los cuatro córdobas el galón en invierno hasta los doce córdobas el galón en verano, precios que se han mantenido estáticos por lo menos durante los últimos veinte años.

Con el advenimiento de los inviernos irregulares en Nicaragua, consecuencia del despale inmisericorde, los problemas de crecimiento de los pastos se incrementan y en muchos casos como en el presente invierno, más de la mitad del país ha sufrido una severa sequía que tiene una influencia negativa directa en la producción de leche en la zona seca. Para solucionar este problema sería necesario contar con un eficiente y barato sistema de riego, pero este tema será objeto de un capítulo aparte.

Los lecheros podemos decir que están atravesando una situación peor que los cafetaleros, ya que ante la falta de comida para sus animales, al elevado precio de las medicinas y suplementos alimenticios y al escaso valor con que venden su producto se ven obligados a deshacerse de sus “peludas” para poder sobrevivir.

El remedio para mejorar la situación de los lecheros está en buscar otra salida para el queso que no se puede exportar a El Salvador, pero indudablemente para poder competir en mercados internacionales es indispensable que se cumplan todos los requisitos de higiene, sanidad y calidad que exigen esos mercados. Según algunos reportes publicados recientemente, de 26 plantas que fueron visitadas por inspectores salvadoreños, solamente una logró la certificación correspondiente. Si no se toman los pasos necesarios y no se cumplen los requisitos que exigen los compradores, definitivamente no se puede esperar a que nuestros productos sean aceptados fuera de nuestras fronteras.

Paralelamente se debe insistir ante el gobierno para que se prohíba la importación de leche en polvo o por lo menos para que se le apliquen aranceles altos como los que tienen en los otros países del área.

Es algo completamente ridículo que cuando viene el “golpe de leche” como dicen en las zonas lluviosas del país, los productores se vean obligados a botar o prácticamente a regalar su leche por el bajo precio que reciben por su producto. Sería mucho más sensato que el exceso de leche fluida sea transformada en leche en polvo usando las plantas que existan en el país y si acaso no las hubiera, instalarlas para asegurarse que se dejen de importar los más de cincuenta millones de litros anuales que vienen del exterior y cuyo valor es superior a los doce millones de dólares. De la misma manera se deberían hacer las gestiones con los países donantes para pedirles que en vez de enviarnos donaciones de leche en polvo, nos compren la que se produce localmente y sea ésta la que utilicen en las donaciones.

Estamos seguros que si podemos convencer a nuestros amigos, nos estarían haciendo un enorme beneficio y contribuyendo al mismo tiempo a mejorar nuestra economía, ya que esto permitiría utilizar toda nuestra producción lechera, asegurando mejores precios a los productores lo que con toda seguridad serviría para incentivar la ganadería en general, mejorar la calidad genética del hato y promover y fomentar la repoblación del mismo que fue diezmado de manera alarmante en años anteriores. Ojalá que esto pueda convertirse en una realidad para que todos los productores lecheros, grandes, medianos y pequeños logren salir del estado lamentable en que se encuentran.  

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