Este domingo 27 de agosto, se celebra la Convención del Sector Privado de Nicaragua. Desde el año 1974, cuando el somocismo estaba todavía en el poder, no se celebraba un evento similar. Tenemos entendido que esta vez la convención hará un análisis de la situación actual de la empresa privada y producirá un documento que contendrá una visión de la Nicaragua que esperan y desean que exista en el futuro próximo, y una propuesta estratégica para lograr las metas establecidas. Ese documento se publicará el 8 de septiembre, Día del Empresario.
Esta convención tiene grandes posibilidades de contribuir a la buena marcha del país. Es deseable, conveniente y necesario que el sector empresarial nicaragüense se convierta en un sujeto más activo en la conducción de los destinos de la nación. Después de todo, cuando hablamos del sector privado estamos hablando de hombres y mujeres que arriesgan sus ahorros para invertirlos en Nicaragua, que trabajan para producir bienes y servicios para la población, que crean empleos y que, junto con el resto de ciudadanos, contribuyen con sus impuestos a mantener al gobierno y a fomentar el desarrollo económico y social de la nación.
El sector privado es creador de riqueza. Pero es también el que hace posible la libertad. Cuando no existen empresas privadas -grandes, medianas y pequeñas- que requieren de trabajadores y profesionales para desempeñar los diversos puestos de trabajo, el Estado se convierte en el único empleador, y ya sabemos lo que eso conlleva: bajas de la producción, escasez de productos, disparo de la inflación y control político y humillante de la vida de las personas. En resumen: miseria y muerte de la libertad.
Nicaragua necesita de un sector privado fuerte y en constante crecimiento. El bienestar general lo exige. Para eso es fundamental y necesario que exista un gobierno que no entorpezca la operación de la empresa privada ni le ponga trabas a su crecimiento y desarrollo. Pero en Nicaragua no es ese el caso. Tenemos un gobierno que públicamente se declara en apoyo de la empresa privada, pero que en la realidad y con frecuencia actúa en su contra, especialmente cuando se trata de empresas independientes o que no pertenecen al grupo de sus allegados. LA PRENSA es un testimonio vivo de esta situación, al ser víctima de la represión fiscal y la discriminación publicitaria del sector público, como castigo del gobierno a nuestra independencia.
Este gobierno no actúa con equidad e imparcialidad. Operando bajo la premisa de que tiene que “reconstruir el capital liberal”, se siente con derecho de establecer grupos económicos privilegiados con ventaja sobre otros grupos. De esa manera el gobierno frena y ahuyenta mucha inversión privada nacional y extranjera, ya que algunos posibles inversionistas deciden no arriesgarse a competir con jugadores que tienen los dados cargados. El gran perdedor en esos casos es el pueblo nicaragüense, porque al reducirse la inversión, no se crean los empleos que desesperadamente necesita la población.
El gobierno debe de abandonar sus ambiciones de dividir y someter al sector privado. Los empresarios deben defender celosamente su derecho de invertir, producir, comprar y vender sin necesidad de doblegarse ante nadie. Las reglas del juego deben de ser claras y parejas para todos. Gobierno y sector privado no deben ser enemigos sino que deben de complementarse por el bien de Nicaragua.
Esta Convención presenta, asimismo, una buena oportunidad para que los empresarios se autoevalúen con honestidad, para ver qué es lo que han hecho bien y qué es lo que han hecho mal -y más importante aún- para ver qué pueden hacer para crecer y fortalecerse en un mundo cada vez más globalizado y competitivo. El factor riesgo es el diario acompañante del empresario. Para enfrentarlo debe prepararse lo mejor posible, organizarse adecuadamente y -siempre que sea posible- viajar al exterior a ferias y exposiciones para aprender de las experiencias exitosas en otros países.
Esperamos y deseamos que la Convención Empresarial dé frutos que contribuyan a una Nicaragua más digna, más libre, y mejor para todos los nicaragüenses.