Emilio Alvarez M.
Con la explosión de hace dos días en Huesca de un coche bomba que mató a dos guardias civiles, llegaron a veinte los atentados terroristas perpetrados por ETA en apenas tres meses, cuando dio por terminado unilateralmente el armisticio. A ese breve intermezzo lo había ETA catalogado como “una tregua total, indefinida y sin condiciones”. Ahora resulta claro que fue un pretexto para prepararse mejor para esta segunda embestida. No obstante dada la frecuencia y crueldad de esos crímenes alevosos, se ha despertado una fuerte ola de repudio no sólo de la población ibérica, sino de todo el mundo civilizado.
Ante ese repetido espectáculo de cuerpos destrozados, la opinión pública española ha reaccionado con indignación y solidaridad. En cada ciudad donde hubo víctimas, sus habitantes salen a la calle a demostrar en silencio pero con gran indignación su profundo rechazo a la violencia. Es impresionante observar a esas multitudes adoloridas desfilar profundamente atemorizadas por el reiterado atropello a los derechos humanos ante lo cual se sienten indefensos.
Por su parte las autoridades como el Presidente José María Aznar se trasladan a los sitios afectados para reconfortar a los familiares, declarando con firmeza que el gobierno no se dejará amedrentar por el chantaje que los criminales quieren imponerle. Hoy fue un automóvil cargado de dinamita que destrozó a tres inocentes transeúntes e hirió gravemente a una docena más; días más tarde ha sido un joven concejal asesinado a tiros mientras caminaba por la calle; más adelante un ex oficial en vacaciones, recibe metralla en presencia de su horrorizada familia etc., etc.
Ante esas escenas vergonzosas nos preguntamos ¿cómo pueden personas ilustradas, como son los europeos, protagonizar actos tan insensatos? Si bien es verdad que el nacionalismo despierta simpatía porque reivindica el derecho a que se respete su identidad histórica y cultural y recibe incluso apoyo en su lucha para terminar con un colonialismo opresor y abusivo, ese no es el caso de Euskadi la región más próspera de España, que goza de un alto nivel de vida, que practica la más amplia autonomía constitucional, con un idioma admirado por propios y extraños e incluso que fija por voluntad propia el monto de sus impuestos fiscales y negocia su contribución al poder central.
Por lo demás, provincias con el mismo status que Euzkadi como Andalucía, Galicia y Cataluña se desenvuelven pacíficamente con respeto a su personalidad cultural. Por otra parte las elecciones periódicas en las provincias vascongadas demuestran repetidamente que la inmensa mayoría de sus ciudadanos vota por un nacionalismo constitucional como es el Partido Nacionalista Vasco PNV que gobierna solo o en alianza en la región, desde hace 20 años con toda garantía. Mientras tanto el pequeño Partido radical Herry Batasuna, brazo político de ETA también legalizado, nunca pasó del 15% del apoyo popular. Ahora que ETA está acosada por la Seguridad, busca desesperadamente al PNV para lograr con el foro de Estella la reanudación del diálogo con el gobierno. Es una iniciativa que habría que acoger siempre y cuando abandonen los etarras su vieja y obcecada quimera de un estado independiente y soberano. Lo que sí pueden estar seguros que no se repetirá con ellos los excesos de aquellas brigadas anti terroristas que actuaron fuera de la ley durante el gobierno de Felipe González.
* El autor es médico oftalmólogo y analista político.