Nada Personal

Douglas [email protected]

Al menos hagamos propuestas

A veces tengo la impresión que la dependencia de la ayuda externa también ha estrechado nuestro talento propositivo, además de haber limitado la iniciativa productiva, porque mostramos la tendencia a esperar que todo venga hecho de afuera y de la forma más completa para que nuestro esfuerzo sea menor.

Lo percibí el día que presentaron el Informe de Desarrollo Humano, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Las primeras reacciones que oí fueron: “Carece de propuestas”, “esperaba que propusiera qué hacer”, “se limita a darnos una radiografía”, “sólo expresa los resultados de una radiografía”.

Así opinaron representantes de organizaciones de la sociedad civil nicaragüense y me hacen pensar que nuestra actitud frente al futuro a veces raya en el comodismo, porque después que la comunidad internacional nos ha ayudado con dinero y organismos especializados nos dicen dónde están nuestros problemas principales, aún queremos que nos indiquen cómo y cuándo hacer las cosas.

Si leemos el Informe de Desarrollo Humano podemos percatarnos que sí hay sugerencias, pero tampoco es ese el propósito del PNUD, porque su aporte consiste más en darnos el epicrisis del país, para que los médicos locales le apliquen el tratamiento adecuado a este paciente de cinco millones de habitantes, la mitad pobres.

Esperar que también nos den la receta y la medicina enfrascada, sería una actitud hasta contradictoria con las reacciones que han mostrado algunos sectores de la sociedad civil frente a programas enlatados, como los de ajustes estructurales, al reclamar el derecho de los nicaragüenses a elegir su futuro y hacer los cambios a su manera.

Por otro lado, esperar todo hecho es un mal síntoma en una población que necesita levantar su economía con mucha iniciativa y creatividad, porque necesitamos fuentes productivas nuevas y dinámicas que hagan crecer las exportaciones más del 6 por ciento previsto, pues el déficit comercial del país ya supera el 50 por ciento del valor de la producción anual.

Nicaragua también sufre una fuerte reducción de la cooperación internacional y por cada dólar que hoy entra al país, por esa vía, 80 centavos son prestados y 20 centavos son donados, según nos informó esta semana el economista Néstor Avendaño, un experto en el tema.

Las propuestas para mejorar Nicaragua, dependen mucho de la negociación entre nicaragüenses, pero el gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil tienen que poner a prueba su voluntad de hacer concesiones, para propiciar cambios positivos.

Es ilógico, por ejemplo, que el sector público gaste el 40 por ciento de lo que produce el país, mientras en el resto de Centro América los aparatos estatales sólo consumen el 20 por ciento de lo que producen sus naciones. Cada nicaragüense produce 493 dólares anuales y carga una deuda de 1,322 dólares que sigue creciendo. Si ya lo sabemos, al menos busquemos cómo invertir la relación.  

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