La nota china

El Presidente Arnoldo Alemán, el Canciller Eduardo Montealegre, el Ministro René Herrera, y otros funcionarios gubernamentales, han tratado de restarle importancia al contenido de una carta firmada el 24 de abril de este año por el Embajador de Taiwan en Nicaragua, Antonio T. S. Tsai, y dirigida al Ministro Montealegre. (Parte de la misma fue publicada en el diario LA PRENSA el viernes recién pasado.) En dicha carta, para todo efecto práctico, el embajador chino instruye al canciller nicaragüense sobre cómo proceder en un foro internacional en beneficio de Taiwan.

Nuestro presidente y sus funcionarios están equivocados. El contenido y el lenguaje de dicha carta es claramente impropio y abusivo, ya que en ella se le pide al canciller de la República, entre otras cosas, que interponga sus buenos oficios para que se logre una “conformación adecuada” de la delegación de Nicaragua que asistiría a la celebración de la Quincuagésima Tercera Asamblea Mundial de la Salud que se celebró en mayo de este año en Ginebra, Suiza.

Igualmente se le solicita “hacer saber, tan pronto como sea posible” la composición de la delegación nicaragüense y “girar instrucciones pertinentes al Representante Permanente de Nicaragua ante la ONU en Ginebra…” Finalmente, expresa que “Para su referencia se le remitirá próximamente la información correspondiente así como el borrador del texto de discurso sugerido para ser presentado en la reunión plenaria por la delegación nicaragüense”.

Si todo lo anterior no es impropio y abusivo para nuestros gobernantes, no sabemos qué consideran ellos como tal. Una cosa es que Nicaragua considere justo apoyar a la República de China (Taiwan) en su lucha por ser admitida en la Organización de las Naciones Unidas y en otros foros internacionales, y otra muy distinta es aceptar instrucciones de cómo hacerlo.

Es cierto que la Cancillería no podía evitar que el embajador chino escribiera una carta como la referida. Lo que es preocupante y reprensible es que no haya habido una respuesta apropiada de parte de nuestros diplomáticos, lo cual sugiere que han aceptado como normal y correcto un trato como el señalado. Lo que cabía en este caso era –cuando menos–, una carta del Canciller Montealegre solicitándole al Embajador de Taiwan que se abstuviera de enviar ningún texto de discurso y expresar que tampoco era necesario que se le solicitara a Nicaragua la conformación de una delegación “adecuada”. Además de eso, debió posteriormente sostener una conversación con el embajador chino para profundizar más sobre lo que debe ser una relación mutuamente respetable.

También es cierto que los países no dan algo a cambio de nada. Hay casos extremos, como el de Cuba, que, para corresponder a la inmensa ayuda que recibía de la extinta Unión Soviética, tenía que mandar a pelear y a morir a miles de cubanos en países africanos donde la Unión Soviética tenía intereses geopolíticos. Taiwan necesita de Nicaragua y Nicaragua necesita de Taiwan, pero la satisfacción de las necesidades mutuas debe darse en un marco de respeto por ambas partes.

Nosotros en LA PRENSA respetamos y admiramos a la República de China (Taiwan). Consideramos que los taiwaneses son un pueblo trabajador y esforzado que es digno de ser imitado y apoyado en su búsqueda de reconocimiento y aceptación en el concierto de naciones. Queremos que continúen invirtiendo en nuestro país. Debemos trabajar juntos para beneficiarnos mutuamente y para fortalecer nuestros lazos de amistad. Todo eso es posible hacerlo sin menoscabar nuestra dignidad y nuestra soberanía, y le corresponde a nuestros diplomáticos velar porque así sea.  

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