Da tu sí a la vida

(I de dos partes)

El origen de todo mal contemporáneo, está en eclipse de Dios, en la conciencia mora. Otro lugar donde se nota este eclipse de Dios es, en los parlamentos y el vaciamiento continuo de todo aspecto metafísico y valor trascendente en las leyes que se promulgan, eso -afirma el Cardenal Ratzinger-, hace que el derecho esté en crisis. El Cardenal López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, en su ponencia sobre la tensión entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte en la Evangelium Vitae del 29 de octubre de 1995 en Lima, pronunció el discurso siguiente, que sintetiza de manera extraordinaria la lucha de la Iglesia por promover la cultura de la vida: “La ‘cultura de la muerte’ muestra que el desbarajuste no es espontáneo. Es fruto de una mentalidad que se ha ido creando, como efecto de una deseducación sistemática, tendiente a sepultar los valores evangélicos y morales. Esta “cultura”, la mentalidad antivida, muestra que hay una nueva manera de ver la situación que obedece a una profunda distorsión. No nos hallamos solamente frente a dramas personales inmensos de personas acosadas por los acontecimientos o presiones, o abandonadas, sino que esta situación adquiere nuevas proporciones de alcance social y que obedecen a proyectos políticos, sociales y económicos que, en su conjunto, conforman una cultura signada por la deshumanización, ¿qué ha ocurrido para que en cerca de sólo 30 años lo que antes avergonzaba a los parlamentos, como un crimen cobarde, que el ensañarse en los más débiles e inocentes, hoy se exhiba como un derecho? ¡El delito se vuelve derecho!, y la eliminación de los más débiles aparece como un ejercicio noble de la libertad, como una “conquista” de la civilización, sobre todo de las mujeres. Todo esto se esconde, habilidosamente, en la fórmula pro-choice.

Es una ideología de la muerte que no sólo se “tolera” sino que se impone, se exporta y se transmuta en “lenguaje imperial” que todo lo arrasa.

América Latina está amenazada. Hay una “conjura” contra la vida; una “conspiración” en curso. Y las manipulaciones son evidentes. Algunos gobernantes son vencidos, no convencidos, por las amenazas y las restricciones. Desafortunadamente hay un positivismo, un pragmatismo, una información superficial que nos pone en los antípodas de lo que era para Platón el ideal de la democracia. Es decir, el gobierno de los pueblos no se pone en las manos de los filósofos (o de los sabios), sino de quienes se mueven en el pragmatismo de fáciles obediencias ante el poder del dinero. Impera una visión inmediatista y el temor a perder el favor de los poderosos. ¿Cómo ha podido acontecer que lo que reconocía el juramento hipocrático, tantos siglos antes de Cristo, el mundo moderno, con tantos avances y conquistas, lo ignore y lo rechace? ¡Porque lo que hay de por medio no es algo, una cosa, un instrumento de que es dable usar, que se puede eliminar y tratar como basura! ¡El nascituro es alguien, es un ser humano, es un concebido, debe ser tratado como una persona humana! ¿Cómo pueden los parlamentos padecer tan peligrosa obnubilación? ¿Cómo pueden las madres rechazar algo que deberían defender con ternura y amor de predilección, así fuera por instinto? Es verdad que el Papa, con entrañas de misericordia, se rebela, o se resiste a creer, contra la idea de que pueda haber madres que en lugar de ser fuentes de vida, se vuelvan no sólo sepulcros sino sus verdugos. Y señala toda una cadena de responsables que mueven, presionan y acosan a las madres a cometer el crimen del aborto: la sociedad, la familia (sin compasión), sobre todo los parlamentos que promueven leyes inicuas. Hay una circulación de amorosa compasión respecto de las madres (sin negar el horror del delito), incluso cuando han incurrido en este crimen abominable.

¿Cómo ha podido operarse tan desconcertante cambio en la mentalidad, de tal modo que la alegría en la acogida de la vida nueva se transforme en desconfianza, en temor, hasta la decisión de eliminar al concebido como si fuera un injusto agresor?

Las democracias modernas se consideran autorizadas para decretar las penas de muerte a los más débiles, indefensos, a los más inocentes. ¡Se equivocan quienes sostienen la idea de que el aborto no es un abominable homicidio!

Di tu sí a la vida este próximo jueves 31 de agosto en la marcha que saldrá a las 8:00 a.m. de la Catedral metropolitana de Managua. Abortar es matar.

Ministerio Arquidiocesano Madre de la Nueva Alianza  

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