Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida

  • La Iglesia predicará siempre la Eucaristía como el cuerpo y la sangre que alimenta y da la vida presente y futura. En esas formas consagradas Dios actúa en el misterio y fortalece a su pueblo y a su Iglesia

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

según San Juan 6, 51-58.

En aquel tiempo Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿cómo puede éste darnos a comer su carne?”. Jesús les dijo: “Yo les aseguro que, si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él. Como el Padre, que me envió, posee la vida y yo vivo por él, así también, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.

Palabra del Señor.

Lecturas bíblicas: Proverbios 9, 1-6/Ef. 5,5-20/San Juan 6, 51-58

El nuevo elemento que encontramos en el discurso eucarístico este domingo, es el escándalo que provocó Jesús ante los judíos, al sentirse incitados a una antropofagia cuando oyeron de sus labios que debían comer su carne. La carne tiene un sentido teológico. San Pablo dice: “os ha reconciliado ahora, por medio de la muerte en su cuerpo de carne” (Col. 1,22). “Tales cosas tienen una apariencia de sabiduría por su piedad afectada, sus mortificaciones y su rigor con el cuerpo; pero sin valor alguno contra la insolencia de la carne” (Col. 2,23). Carne tiene entonces un sentido de fragilidad y de existencia temporal. Muy apropiadamente los cristianos dicen haberse dejado guiar por la carne y no por el espíritu.

Los cristianos escuchamos y vivimos diariamente la Eucaristía como una comida, el cuerpo y la sangre de Cristo, vital para el cristiano. Los primeros discípulos superaron aquella concepción antropofágica y pronto llegó a formularse como dogma de fe que las especies de pan y vino son el cuerpo y la sangre de Cristo.

Pero el lenguaje antropofágico de Jesús también se escucha y se aplica tanto en la antigüedad como en el presente, recordando la historia y la mitología, en muchas razas antiguas, la sangre ha significado la vida, de ahí los sacrificios cruentos; podríamos decir que no es exclusivo cristiano, solamente su verdadero significado; sin embargo, no es asunto del pasado; en la actualidad se dan estos cultos en la clandestinidad eminentemente satánico; en realidad son más fuertes de lo que nos imaginamos. La pregunta es si esto ¿escandaliza a la sociedad contemporánea como escandalizó las palabras de Jesús, el autor de la vida?

Por ciencia y por fe sabemos que la sangre es vida, y viene al caso comentar cierta religión -no cristiana- que se opone a la transfusión de sangre para darle la vida a otros. Aunque ciertamente los avances de la medicina han permitido otros medios para salvar y dar la vida a los seres humanos, no podríamos rechazar que la sangre será uno de ellos, entonces esto plantea para la ética, la ley y la fe el negarse a dar la vida a los seres humanos argumentando razones de fe, cuando lo primero que se anula es el humanismo; para ser una buena religión, tiene que partir y fundamentarse en un auténtico humanismo; por eso se podría calificar de nocivo a una religión que aferrándose a supuestos argumentos bíblicos, anula el humanismo. El cristiano antes de ser creyente es humano.

En nuestra sociedad, aún conservadora en su humanismo y cristianismo, hemos visto algunos casos aislados de jóvenes que practican estos cultos, pero puede ser sólo una muestra de lo que en realidad existe y son una mala señal para la juventud, inclinados a la curiosidad, a lo novedoso y a la aventura.

Contrario a prácticas dañinas, la Iglesia predicará siempre la Eucaristía como el cuerpo y la sangre que alimenta y da la vida presente y futura. En esas formas consagradas Dios actúa en el misterio y fortalece a su pueblo y a su Iglesia.

Quiero hacer un paréntesis que el dogma de la asunción de María fue definido el 1 de noviembre de 1950 por el Papa Pío XII en la Bula Pontificia.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí