- Es muy fácil obtener elevadas tasas de crecimiento cuando se parte de un PIB muy reducido
José Luis Medal
Se ha vuelto una afirmación ya común el sostener que la situación macroeconómica es excelente y que el problema radica en la situación microeconómica de los productores, trabajadores y consumidores. Tanto políticos como empresarios sostienen frecuentemente que aunque en el período 1997-2000, la “situación macro ha mejorado, la realidad microeconómica se ha deteriorado”. Esa afirmación aunque ya muy generalizada, es muy discutible en lo que respecta al supuesto éxito macroeconómico. Por el contrario, más que representar un éxito, puede afirmarse que la política macroeconómica del período 1997-2000 ha fracasado en dos aspectos centrales: el desequilibrio en la balanza comercial y en la erradicación o al menos reducción de la deuda externa. No es cierto que el país goce de una buena salud macroeconómica.
En el período 1990-1996 correspondiente al período del gobierno de la Sra. Chamorro, la deuda externa de Nicaragua disminuyó de 11 mil millones de dólares en 1990 a 6094 millones de dólares en 1996. Es decir, el saldo disminuyó en más de un 40 por ciento como resultado de un exitoso proceso de renegociación externa. En el período 1997-2000, por el contrario la deuda externa no se ha reducido en nada, aumentando su saldo a US$6,500 millones, al comenzar el año 2000. Aunque a inicios de 1997, el gobierno expresó que en dos años se resolvería el problema de la deuda externa a través de la HIPC, ese objetivo no parece viable en el corto plazo.
Además de haber crecido la deuda externa, el déficit en la balanza comercial ha aumentado de manera alarmante. El déficit comercial (exportaciones menos importaciones) representó el 22.5 por ciento del PIB en 1996, porcentaje que se incrementó al 50.2 por ciento en 1999. En ese último año, el déficit comercial alcanzó un monto de US$1,134.9 cifra realmente increíble ante un reducido PIB de US$2,267.9 millones. Dado que un objetivo central de la política macroeconómica es el equilibrio externo, y dado el gravísimo desequilibrio externo, resulta sorprendente que en Nicaragua se acepte tan a la ligera, por moros y cristianos, el slogan publicitario de un supuesto éxito macroeconómico.
El fracaso a nivel macroeconómico es evidente utilizando otros indicadores. En 1999 el Producto Interno Bruto -lo que el país produce-, ascendió a C$26,782 millones de córdobas, suma significativamente menor que el consumo privado y público de ese mismo año, que en total alcanzó un monto de C$30,056 millones de córdobas. En pocas palabras, el país consume más de lo que produce. Para financiar tanto ese exceso de consumo como la necesaria inversión se recurre necesariamente al financiamiento externo ya que en términos macro el ahorro nacional es virtualmente inexistente. Un país que depende crecientemente de recursos externos, no es en manera alguna un ejemplo de éxito en la ejecutoria de la política macroeconómica.
Para argumentar que ha habido éxito en la política macroeconómica se hace mención de que la tasa de inflación promedio del período 1997-1999, ascendió a 11 por ciento. Se hace abstracción que no se logró el objetivo establecido en el ESAF de 1997, de reducir la tasa de inflación a menos de dos dígitos, ni se menciona el hecho de que haber mantenido relativamente reducidas las tasas de inflación es un logro mínimo si se le compara con la erradicación de la hiperinflación en 1991-92. Se argumenta también que ha disminuido la tasa de desempleo, pero se omite el hecho de que la falta de trabajo hace emigrar a miles de nicaragüenses hacia el exterior y que la misma tasa oficial de desempleo total -23 por ciento en 1999- evidencia la prevalencia de un gravísimo problema en esta área. Se sostiene además que las Reservas Internacionales Brutas (RIB) están en un nivel supuestamente excelente, sin mencionar el hecho que cuando ello ocurre es producto de un mayor endeudamiento externo, más que de un aumento sustancial de las exportaciones, las que no se han transformado en el motor del crecimiento. Igualmente se arguye que la economía ha crecido a tasas supuestamente elevadas en estos últimos años, sin hacer mención que esas tasas son menores a las obtenidas por Nicaragua en los años cincuenta, sesenta y parte de los setenta, a pesar de que estadísticamente es muy fácil obtener elevadas tasas de crecimiento cuando se parte de un PIB muy reducido.
En síntesis, tanto el grave desequilibrio comercial, como la elevada deuda externa y el elevado desempleo restan validez a cualquier pretensión de que la salud macroeconómica del país se encuentra en un estado excelente. En otros indicadores macros, los indicadores han sido mediocres. Los problemas para el futuro no son exclusivamente microeconómicos. Los actuales problemas macroeconómicos y financieros, estarán necesariamente en la agenda de los próximos años. Cualquier formulación de un Plan de Nación o de una futura estrategia nacional de desarrollo, no debe partir de la premisa falsa de una supuesta excelente salud macroeconómica.
* El autor es economista.