Mario Fulvio [email protected]
Los tiranos de Roma, entre ellos
el emperador Cómodo que figura en la película “El Gladiador”, inventaron el término “Panem et circus” para señalar los elementos que necesitaba el pueblo romano para olvidarse de sus miserias y del yugo que ellos les imponían.
Para reafirmar ese principio construyeron grandes coliseos donde los gladiadores luchaban a muerte para diversión y solaz de la gente, pero antes, a la entrada del coso, varios lictores repartían pan entre la gente, o desde la arena lanzaban ese alimento al público, tal como se puede apreciar en la mencionada cinta.
El “Panem et circus” se convirtió, pues, en una fórmula política de evasión y disuasión que fue copiado y mejorado por otros déspotas que en Europa o en nuestra América Latina sucedieron a los Nerones, Calígulas y Cómodos de aquellos tiempos.
En estos tiempos súper cibernéticos ya no se da el “panem” -que por cierto anda en las nubes-, y el “circus” se ofrece a través de la televisión como un proceso descarado de alienación comercial donde se manipulan en una gran mezcolanza el deporte con la política, la juventud con los vicios y el comentario objetivo y sano con el alarido, la petulancia y el chismorreo frívolo.
No sé por qué, quienes vemos las transmisiones de boxeo a través del Canal 12 tenemos que soportar los mensajes políticos del Presidente Alemán y de su insulso candidato a la Alcaldía de Managua cuando lo que en realidad queremos apreciar es un combate de box al cien por ciento.
Si por lo menos esos figurones fueran telegénicos quizás el atropello al buen gusto y al derecho que tenemos los nicaragüenses a una información objetiva y estética podría disimularse, pero aparece en pantalla moviéndose de manera pesada, manejando términos trillados y promesas que dejan entrever el usual cinismo de alguien como el llamado “delfín”, cuyo discurso natural siempre ha sido de revanchismo y violencia.
En otro aspecto, se supone que la práctica sana del deporte constituye la forma de evitar que nuestra juventud caiga en las redes del vicio. Pero aquí, en las susodichas transmisiones se pretende todo lo contrario.
Con insistencia digna de mejor causa, una millonaria fábrica de guaros se dedica a bombardear la mente juvenil anunciando un ron que se supone es símbolo de nuestra tierra, de nuestra nacionalidad y de nuestra gente.
Con el mayor desparpajo ese mensaje manipulador es dirigido directamente a los jóvenes, que aparecen en pantalla alegres, bailando y tomando el “delicioso” guaro. Lo sorprendente es que la familia que produce ese veneno social también hace obras de misericordia, que supongo serán tomadas en cuenta cuando rindan cuentas ante Dios o ante el Diablo.
Por último el tapón del frasco lo pone el “comentarista” o “cronista deportivo” que se dedicó, no a narrar la pelea de Rosendo, sino a hablar a grito pelado de chismes y trivialidades, a elevar su ego hasta el colmo que los mismos televidentes le pidieran que mejor se callara.
Política, vicios, frivolidad y subjetividad… Un cáncer que corroe nuestro deporte y contra el cual debemos luchar todos los nicaragüenses.