- Sobrevivientes de este tipo de accidentes cuentan sus experiencias
Joseph B. Verrengia/AP
I PARTE
La oscuridad es equivalente a tener los ojos vendados. La respiración se vuelve acezante en la medida en que se acaba el oxígeno. Es tan frío que el sudor y las lágrimas de los aterrados compañeros quedan congelados al tocar el metal.
Luego de cinco días a 108 metros (354 pies) de profundidad en las agitadas aguas del Mar de Barents, el malogrado submarino ruso Kursk se está convirtiendo rápidamente en un ataúd de acero para sus 116 tripulantes, si es que ya no han perecido, según relatos de veteranos submarinistas.
La experiencia de la profundidad es inolvidable. Eso es lo que los submarinistas –algunos de los cuales han sobrevivido a accidentes que datan de la Segunda Guerra Mundial–, saben mientras aguardan el desenlace de la situación en que se encuentran los navegantes rusos.
“Debe ser aterradoramente húmedo, oscuro y frío”, dijo Steve Collier, contramaestre de la Armada estadounidense que sirvió en tres submarinos entre 1973 y 1993.
El Kurst yace vencido sobre uno de sus lados en medio de fuertes corrientes y permanente movimiento de inmundicia del lecho marino, que han venido frustrando los repetidos intentos de rescate.
Las autoridades rusas sostienen que la proa está dañada al parecer por una explosión, quizás en un sitio de torpedos. Varios compartimientos se inundaron con agua marina, enviando a la profundidad a la embarcación.
Veteranos de submarinos relatan que casi seguramente los marineros en la proa del Kursk están muertos. Si hay sobrevivientes, de seguro están en la popa.
“Todo tripulante de un submarino sabe que lo mismo puede pasarle a él mañana”, dijo el capitán retirado Valerei Zelichonok, que comandó submarinos rusos antes de irse a Israel en 1990.
La oscuridad allí es casi absoluta. Funcionarios rusos dijeron que los reactores nucleares del submarino fueron apagados o fallaron tras el accidente. Las baterías del submarino quedarían agotadas en unos dos o tres días, quizás el viernes. Los faroles y linternas probablemente se han gastado también.
La temperatura es muy fría. Las aguas que rodean al submarino están bien por debajo de cero centígrados. El calor residual en las tuberías del submarino se ha disipado hace tiempo, lo que hace de la nave sea hoy poco más que una lata en una bañera helada.