Emilio Porta [email protected]
Entre 1961 y 1978 el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua creció a una tasa anual promedio de 5.6%. En el período comprendido entre 1979 a 1989, mientras el comandante Daniel Ortega “dirigía” los destinos de la nación, la tasa anual promedio del crecimiento del PIB fue -3%. Y es importante recordar que la variación anual promedio del IPC en el sandinismo alcanzó niveles inimaginables, por ejemplo, en 1988 Nicaragua experimentó una hiperinflación de 14,295.4%. Esto quiere decir que el córdoba “chanchero” que los nicas teníamos en las manos a principios de ese año, “valía” 14,295.4% menos para fines de ese mismo año.
Como jefe del gobierno revolucionario y Presidente de la República, el comandante Ortega carga con la histórica responsabilidad de haber entregado en los noventa una nación con los mismos niveles de desarrollo que tenía en los años treinta. La administración del comandante Ortega logró que Nicaragua pasara de ser considerado “el granero de Centroamérica” a ser el país más pobre del hemisferio occidental y el más endeudado del mundo.
Cambiamos de milenio y Nicaragua todavía tiene que escuchar los acalorados y desatinados discursos del eterno candidato presidencial del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El pasado 19 de julio, en medio del escenario acostumbrado, el cabecilla del partido rojinegro propuso condonar la deuda que los agricultores tienen con la banca privada y estatal, sin meditar ni un segundo sobre la viabilidad y los efectos de esta propuesta. Daniel no explica de dónde saldrá este dinero, de un aumento del gasto público o de una reestructuración del presupuesto de la nación. Daniel no medita sobre los perversos incentivos de su propuesta, ni sobre los efectos que la misma tendría sobre el mercado financiero.
Bajo el régimen sandinista ya conocimos la política de la condonación sin obtener de ella buenos resultados, sin embargo, Daniel Ortega no cambia su discurso. ¿Lo hará con mala intención o simplemente al comandante le faltaron algunos años de educación para poder entender lo errónea que es su propuesta?
La condonación de deudas trae consigo un grave riesgo moral, pues el empresario al saber que siempre existe la posibilidad de que le perdonen su deuda no cuidará tan sigilosamente su eficiencia y competitividad. El negocio más rentable en el esquema de la condonación no es producir, sino endeudarse y esperar que el Estado, con el dinero de todos, pague la cuenta.
El simple hecho de que el -al parecer- precandidato a la Presidencia de la República por el FSLN formule este tipo de propuestas podría aumentar el riego del país, y por ende, la tasa de interés, afectando no sólo al agro sino a todo el sistema productivo.
En gran medida la implementación de políticas económicas erróneas del pasado ha dejado una impronta negativa en la cultura empresarial del pueblo nicaragüense, generando terribles resultados en nuestra productividad y estrategia de crecimiento.
No hay que obviar que el sector agrícola, al igual que el resto de la economía, atraviesa por una gran crisis. Pero sin duda la condonación no es la respuesta. Hay que buscar otro tipo de alternativas, como pudieran ser, la reestructuración de pasivos, facilidades de pago e incentivos a la inversión. La respuesta económica a la crisis que atraviesa Nicaragua debe ser sustentable en el tiempo y debe tomar en cuenta las reglas económicas que están implícitas en el libre mercado.
La mejor contribución que la autoridad puede hacerle al crecimiento económico es propiciar la estabilidad macro e impulsar políticas micro que fomenten la eficiencia y la acumulación de capital físico y humano. Ciertamente la propuesta de Ortega no está dirigida en este sentido.
* El autor es abogado. Estudiante de la Maestría en Gestión y Política Pública de la Universidad de Chile.