Matagalpa y las pandillas juveniles

El pandillerismo es un fenómeno que se ha dispersado por todo el orbe, ya que los padres de hoy además de ser inconsecuentes con sus hijos, muchos somos más que irresponsables.

Antiguamente a nosotros cuando no teníamos nada que hacer y éramos demasiados eléctricos nos mandaban a hacer mandados al término de la distancia y nos asignaban tareas desde el amanecer hasta el anochecer y si éramos algo vagos nos ponían a recoger piedras; nuestros padres elegían nuestra forma de vestir y todos los hábitos sanos y buenas costumbres desde la religión hasta nuestro comportamiento en los colegios.

Además autorizaban a nuestros maestros para que nos disciplinaran desde la corrección fuerte de palabras, hasta los castigos físicos, es más nuestros abuelos decían que si algún hijo abusaba de las cosas ajenas o tenía alguna forma de ser desviada, en lo que se refiere a su sexo, ellos serían los primeros en decirles a las autoridades que había que eliminarlos.

Realmente parece que la educación de la gente era bien dura, los hijos aprendían a trabajar, la vagancia era vista como delincuencia y la falta de respeto a las personas mayores de cualquier joven era señalado como un degenerado.

Lamentablemente hoy todo esto ha cambiado y los padres cometemos la solemne equivocación de pensar o creer que nuestros hijos son angelitos y los más pintados y hasta somos tan tontos que algunas veces creemos que son brillantes.

La verdad duele y cuando aprieta el zapato duele más todavía, hoy estamos viendo los resultados de la inmensa benevolencia o flojera de nosotros los padres de familia, ya que muchos padres de hoy le tienen temor a sus hijos.

En lo personal mi padre tiene 18 años y 22 días de haberle entregado su alma al Creador y cuando cometo una falta contra mi prójimo en lo profundo de mi alma siento su llamado de atención.

La sociedad está patrocinando el relajo de estos días, crímenes, violaciones, robos, linchamientos y gente golpeada inmisericordemente, pero si seguimos permitiendo tanto pecado de omisión, somos tan culpables como los delincuentes.

Matagalpa es una ciudad de gente decente, generosa y valiente, todos estamos llamados a señalar a cada uno de estos pequeños o grandes delincuentes.

Hay que recogerlos, reeducarlos para que digan mañana, vale la pena vivir en una ciudad donde la juventud es su mayor tesoro y de esta forma seremos dichosos y estaremos cumpliendo con la voluntad del Todopoderoso.

THOMAS SALOMÓN RIOS ESCOBAR

Matagalpa  

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