LUCÍA VARGAS C.
Esta pregunta se la hago a las altas autoridades de la Policía Nacional del Departamento de Carazo, después de haber presenciado frente a la puerta de mi casa en Jinotepe, cómo tres delincuentes golpeaban a un pobre indefenso a las once de la noche del domingo 6 de agosto, en plena vía pública, a sólo una cuadra y media del Parque Central, al que luego de noquear lo despojaron de sus zapatos, pantalón y todo lo que éste andaba.
Al escuchar los golpes contundentes de la cabeza del joven contra el pavimento, aún advertida que podía correr peligro me asomé por la ventana, pero mi presencia fue vista por los sujetos quienes salieron corriendo, con las pertenencias del joven quien quedó tendido en la calle desnudo e inconsciente.
Recurrí al teléfono para avisar a la Policía, me identifiqué ante el oficial de turno a través del hilo telefónico y con la voz entrecortada por la impotencia que me invadía, expliqué lo que había pasado. No obstante el oficial me contestó con la voz muy tranquila y me interrogó brevemente, hasta asegurarme que de inmediato llegaría una patrulla.
Volví a la calle donde estaba el joven a quien le calculé unos 16 años. El se incorporó con la mirada perdida e hizo el intento de ponerse en pie, pero sus piernas no le respondieron y se fue de bruces. Como pudo logró dar un paso apoyado en las paredes y así se fue, desnudo, descalzo y con la mente aturdida aún por los golpes.
Los tres delincuentes oscilaban en edad entre 17 y 25 años. Huyeron en estampida con rumbo a la calle paralela al BANIC que comunica con la que va al Hospital, dejando tirada una billetera camuflada que sólo tenía la foto de una adolescente y una tarjeta de teléfono público, de las que usan en Costa Rica.
Llamé nuevamente a la estación policial y la misma voz me contestó asegurando que ya iban para el lugar. Seguí con mi acostumbrado trabajo nocturno hasta que el reloj marcó las dos de la madrugada, y la famosa patrulla nunca apareció..
Pensé en cuánta violencia queda impune y los responsables de velar por la seguridad ciudadana no están en ese momento. Para nadie es un secreto que la Policía tiene muchas limitantes, pero en un pueblo tan pequeño no es imposible patrullar aunque sea cada media hora. Lo sucedido me hizo reflexionar sobre las innumerables entrevistas que he hecho sobre el tema a personalidades del ente policial, que aseguran haberle doblado el brazo a este mal social con acercarse a los muchachos y construirles canchas.
Se les sigue llamando “grupos juveniles” y afirmando que estos “muchachitos” son dignos de consideración y respeto porque el Código los protege de pies a cabeza.
Hace unos meses otros maleantes cerraron con piedras el pase de los vehículos a sólo 300 metros de la Casa Presidencial con el fin de asaltar. Las víctimas pusieron la denuncia en la estación de Jinotepe y la respuesta fue, como siempre, “ya vamos para allá”.
Un cambista ha sido asaltado dos veces en la vía pública y en la última fue que montaron en un vehículo con emblemas de la Policía, en pleno mercado municipal, por presuntos policías, y hasta ahora nada se ha descubierto. ¿Qué pasa? La sociedad está siendo empujada a no confiar en nuestras autoridades. Con todo respeto los invito a reflexionar.
La autora es periodista.