MINISTERIO ARQUIDIOCESANO
¡Martín, detente, no corras tanto, disminuye la velocidad! […] gritaba Susana, la prometida de aquel imprudente conductor de 20 años que minutos después se convertiría en un paralítico de por vida, al colisionar contra otro vehículo… son las 3:00 a.m., Martín está sobresaltado sobre su cama, aquello había sido un sueño, pero que repetidas veces le asecha y le roba la paz. Algo sucede en su interior que está haciéndolo perder peso, desvelarse en las noches y estar soñoliento por las mañanas.
Siempre la constante en los sueños es la velocidad, quizás, esa prisa irracional es lo que deshace al mundo actual. Todo es aprisa, y lamentablemente la estructura psicosocial del hombre no es a prueba de vertiginosos cambios. Si en la naturaleza evolutiva no existen cambios por saltos cualitativos, porque ella es un proceso gradual y continuo, en la naturaleza de la psiquis y la praxis social tampoco se dan, y si se dan, aplastan al hombre capaz de vivir en sociedad.
Los noviazgos queman etapas, y aprisa llegan al acto conyugal: body guard, “vive” y mil máscaras para encubrir la permisividad moral de una sociedad enferma y la promiscuidad sexual hace que los embarazos no deseados y los matrimonios que broten de los mismos, aprisa se deshagan. Aprisa se quieren cambios sociales, aprisa se busca éxito profesional sin escatimar la ponderación moral de los actos que se hagan para adquirir el fin deseado. La prisa, es el gran enemigo de la familia: no hay tiempo para sentarse en el comedor y compartir al calor de los alimentos, dudas, incertidumbres, problemas. La prisa no permite que conozcamos el nombre del vecino, ni el del compañero del trabajo, somos reducidos a un número de seguro social, a un PIN de crédito, a un número: la prisa nos deshumaniza
El antídoto en la calma, la paz, la tranquilidad el descubrir que todo tiene su tiempo, y el más privilegiado es el tiempo que pasamos con el Eterno en la oración, la eucaristía, los sacramentos. Cuántos hombres y mujeres como Martín devorados por una prisa de corte maníaca esquizoide, sin tiempo para la oración, para las amistades profundas y no superficiales, sin tiempos para el Eterno. Si nos llama a su presencia qué le presentaremos: un reloj con sus manecillas corriendo aún alocadamente, o un corazón sosegado y lleno de El: el único que no tiene prisa y nos ofrece la eternidad.
Ministerio Arquidiocesano de Predicación
Madre de la Nueva Alianza