No se oye señor Woldenberg, ¡no se oye!

  • ¿Qué pueden aprovechar del viaje de Woldenberg los políticos locales? ¿Qué quieren recibir?

Federico Dueñas de la Peña

No sólo interesante sino por demás edificante e indigerible (para algunos políticos locales) fue la visita que hizo a Nicaragua la semana pasada el Lic. José Woldenberg, presidente del Instituto Federal Electoral de México(IFE), quien tuvo el honor de coordinar al cuerpo colegiado que armó el esquema fundamental y apolítico necesario para dar (¡por fin!) elecciones limpias en suelo azteca, a pesar de la tremenda dosis de desconfianza, temor y apatía por parte del electorado en base a la infeliz trayectoria triunfalista de más de setenta años de dictadura partidista del PRI en el poder, partido que “si no ganaba (las elecciones) las arrebataba”. No más “carruseles”, no más “carros llenos”, no más “mapaches”, no más trinquetes electorales.

Elemento fundamental del aparato del IFE fue la condición incuestionable de que dicho organismo se mantuviera puro, transparente y confiable, en el sentido de que quienes lo conformaran fueran personas idóneas, preparadas y sin ningún matiz político, de manera tal que no hubiera, ni por descuido u error, ningún elemento de ningún partido dentro de tan selecto grupo, a fin de garantizar y tener la calidad moral suficiente para transmitir la sensación de transparencia y “credibilidad” a la población sobre sus acciones en pro de unas elecciones limpias y justas.

Las primeras que se dieron desde la caída del tirano Porfirio Díaz en 1910. La dramática y reducida credibilidad de la población sobre el aparato electoral era la barrera a demoler, era el reto básico del equipo comandado por Woldenberg, al mismo tiempo era la principal meta a seguir, ya que el votante tradicional estaba, escéptico, frío, frustrado y poco receptivo a la idea de unas elecciones libres y justas, precisamente por las pésimas experiencias vividas durante el prolongado PRIato.

Los cuatro partidos políticos mayoritarios registrados, tenían voz pero no voto a través de sus representantes ante el IFE, se estableció un fluido canal de comunicación entre los partidos y los directivos del máximo organismo electoral mexicano, para disipar dudas, clarificar posiciones y acordar situaciones sobre distintos puntos de vista relacionados con la intrincada y titánica tarea electoral, pero a la hora de decidir, aquí no participó ninguno de los partidos contendientes. El pueblo mexicano captó el mensaje y reaccionó en forma positiva ante el estímulo frente a las urnas sin temor ni aprensión sobre cualquier posible amenaza o represalia del partido en el poder, confiando en que el sigilo y secreto de su voto sería efectivo. El IFE creó esa confianza en el elector, lo que, aunado a la campaña efectiva de Vicente Fox y el profundo anhelo de cambio de partido político en la población, produjeran las elecciones más limpias del México moderno, derrotando al PRI contundentemente.

¿Qué pueden aprovechar del viaje de Woldenberg los políticos locales? ¿Qué quieren recibir? ¿Qué les conviene recibir de la experiencia mexicana? ¿Qué quisieran haber escuchado? Para quienes desde la llanura política lo oímos y vimos, Woldenberg habló bastante claro, sin rodeos y con altura sobre un tema que demostró manejar a la perfección en lo teórico y en la práctica. ¿Qué puede aprovechar, si es que todavía puede el Consejo Supremo Electoral (CSE) de cara a las elecciones municipales de noviembre? ¿Qué sugerencias o ideas nuevas pueden incorporarse para las elecciones presidenciales del 2001? ¿Se percibe que el elector está conforme con las reglas impuestas por el CSE? ¿Qué grado de credibilidad y autoridad moral tiene el CSE? ¡El que tenga oídos que escuche!

El autor es Administrador de Empresas.  

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