Retos empresariales

  • El sector privado tiene hoy un enorme reto y responsabilidad: ayudar mediante propuestas concretas, realistas y adecuadas, a resolver la profunda crisis del país

Róger A. [email protected]

La segunda Convención empresarial que tendrá lugar el próximo 20 de agosto, se celebra 26 años después de la que hubo en 1974, bajo la dictadura somocista.

El COSEP de los años 80, dirigido por el ingeniero Enrique Bolaños, se enfrentó al Gobierno del FSLN, en primera línea, defendiendo las libertades económicas y al sector empresarial, mientras se desarrollaba una sangrienta guerra civil promovida desde el exterior. “Nicaragua nos Importa”, “No nos Vamos ni nos Van”, “Sin Libertad económica no hay de Libertades Políticas”, decía.

Ahora, muchas cosas han cambiado en Nicaragua. Otras no.

El sector privado tiene hoy un enorme reto y responsabilidad: ayudar mediante propuestas concretas, realistas y adecuadas, a resolver la profunda crisis económica que sufre el país, los grandes niveles de desigualdad social y deuda externa, pobreza generalizada y contracción económica nunca antes vista; pero en un entorno de libertades públicas más amplias que durante las décadas pasadas. La dirigencia del sector privado es la ejecutora de esa responsabilidad.

Participé en 1995 en la elaboración de un diagnóstico de OIT/OIE y otras, sobre las Cámaras empresariales centroamericanas. Los 8 hallazgos en los 5 países fueron similares. A 5 años de esa encuesta, recordemos algunos, que podrían señalar un rumbo a recorrer, pues se encontró que las Cámaras empresariales de la región:

1. “Carecen de conceptos definidos de misión, objetivos y estrategia institucional. Actúan afrontando la coyuntura, sin lograr un desarrollo institucional sostenido y de largo plazo. El desarrollo institucional depende sólo de objetivos de directores electos para períodos cortos.

2. No hay liderazgo institucional y los dirigentes no se modernizan.

3. Carecen de suficiente número de ejecutivos de alta calificación y padecen de alta rotación de ejecutivos, profesionales y técnicos especializados, por razones económicas.

4. No brindan servicios en cantidad, calidad y oportunidad necesitada y exigida por los asociados. Esto repercute en los niveles de afiliación y desafiliación. Es necesario conocer las expectativas de los empresarios o afiliados actuales y potenciales.

5. Las organizaciones capitalinas están demasiado desarrolladas respecto a las del interior del país. Estas últimas carecen de las más mínimas condiciones materiales, organizativas y de servicios; necesitan de inmediato, una transferencia generencial, tecnológica y metodológica, que promueva su desarrollo.

6. Existen dificultades para suministrar a los afiliados una adecuada información comercial, económica, laboral, legal y tecnológica.

7. Los nuevos criterios mundiales de globalización, productividad, competitividad, no están siendo internalizados por las instituciones, ni por los directivos, ni por los empresarios. Sólo los perciben como eslóganes o “técnicas gerenciales”.

8. En fin, concluye el informe, las cámaras y los empresarios no están preparados para hacer frente a los retos que tienen por delante. Los cambios que se avecinan implican una participación mayor y cada vez más decisiva del sector privado.

Siendo las Cámaras el brazo institucional de la empresa privada, hay que fortalecerlas. El desarrollo del país exige el desarrollo del sector productivo privado; pero éste requiere el desarrollo de sus gremios, de su institucionalidad y la profesionalización de las Cámaras. Hay que invertir en el capital humano de sus instituciones y de sus empresas.

Hay que hacer rentable la agricultura, la industria, el país, para que sea viable y competitivo. Sin industria no hay país y sin Estado no hay mercado.

El Gobierno debe apoyar urgentemente, con incentivos, asistencia técnica, créditos flexibles, renegociaciones de deudas, exoneraciones y hasta el subsidio, a quienes capaciten personal, creen empleos, ahorren y generen divisas, produzcan valor agregado y combatan la pobreza. La clase media, la pequeña empresa no debe desaparecer.

Los burócratas del Estado “Facilito-Observador”, o Estado “Facilitador”, que no hace ni sirve para nada, eludiendo sus funciones económicas y sociales que la misma doctrina liberal le asigna, deben retirarse.

En fin, sin señalar claramente sus propios deberes y compromisos, sin cámaras fuertes, profesionales, los empresarios no podrán ejercer eficazmente su liderazgo, para contribuir a la redención de la Nación.

El autor es consultor económico y financiero.  

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