Flavio Rivera [email protected]
“Si los hombres son tan corruptos teniendo religión, ¿cómo serían si no la tuvieran?”
Benjamín Franklin.
Hay un refrán muy popular en otras tierras que dice: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Todos nuestros gobernantes han presumido de ser honestos y progresistas, otros, hasta de revolucionarios. Normalmente los pueblos eligen a sus presidentes y a sus alcaldes, esperanzados a que el nuevo elegido, responda a las expectativas de la gran mayoría que los ha elegido. A su vez, aquéllos, eligen a sus colaboradores para, supuestamente, llevar a la realidad las promesas ofrecidas de buena o mala fe, conscientes o inconscientemente. Esto se llama gobierno.
Desde que tengo uso de razón, escuché en el seno de mi familia, los comentarios referidos a los problemas de la política y las características morales de sus protagonistas y de aquéllos que les rodeaban. Escuché de personajes muy cercanos al poder, ideas y conceptos, principios y opiniones. Eran cátedras de moral y cívica.
Porque las personas allegadas a mis padres no eran delincuentes. Siempre hubo intrigas, las llamadas palaciegas; injusticias, abusos, momentos nobles y brillantes. Estos fueron muy pocos. Como todos sabemos, muchos pululaban alrededor del poder y se arrodillaron para obtener beneficios económicos. Bastante o poquito. Esa era la única finalidad, el objetivo último. Unos se empinaban sobre su talento, otros, sobre su capacidad innata de serviles, muchos eran capaces hasta de matar o delinquir de cualquier forma para satisfacer las exigencias del “hombre”, del gobernante de turno.
Hacer méritos. Y obtener lo que buscaban. Desde entonces, los personajes han ido cambiando. La moral y la cívica desaparecieron. Hoy me planteo muchas preguntas. ¿Para qué elegimos presidentes? ¿Cuál es realmente su función, sus deberes? ¿Cuáles son sus limitaciones? ¿Quiénes o qué leyes lo controlan? Si un presidente delinque, ¿quién, cómo, qué lo juzga y lo castiga? ¿Cuál es la función del pueblo si esto ocurre? ¿En quiénes radica el poder, cuando fallan las instituciones? Cuando hay corrupción total en un gobierno, no hay estado de derecho, ¿qué debe hacer un pueblo?
Después de leer las noticias sobre las dos sentencias dictadas por un esclavo del sistema, y que apoyado por un grupo de individuos que supuestamente tienen como obligación el cumplimiento de las leyes. Y que se quedan tan tranquilos. Las expectativas son burladas. Hemos llegado a un punto en el cual podemos decir con certeza, con plena conciencia, que no existe estado de derecho.
En los años 1900, la ley logró someter a los mafiosos que alteraron el orden en la ciudad de Chicago. Aquí sucede lo contrario, los mafiosos han logrado someter a los individuos que representan la ley, por querer establecer el orden y además pretender establecer un estado de derecho. Seudosociedadad. Sub-pueblo. Cleptogobierno.
Invitemos a los antropólogos para que nos definan. ¿Qué somos? Que vengan los científicos y nos examinen el mapa genético y nos digan ¿qué clase de animales somos?. Genoma o Clepto-Genoma.
San Rafael del Norte, Jinotega.