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Cincuenta y dos años después, el periodista Agustín Fuentes Sequeira que cubrió para LA PRENSA el caso de Milagritos Cuarezma, está convencido de que se trató de un accidente de tránsito.
Fuentes, mejor conocido como Fuentitos, está también convencido de que de no haber mediado el afán publicitario del juez Serapio Ocampo el juicio habría tomado un rumbo menos sensacionalista.
¨Era el juez, ansioso por figurar cada día, quien daba la pauta de las investigaciones a los periodistas¨, dice Fuentitos.
Está de acuerdo en que pudo haberse tratado de un accidente de tránsito, según una de las versiones que recogió por aquellos días.
Fuentitos dice haber escuchado también la versión sobre el teniente Somoza, un tipo fanfarrón que hacía ostentación de su poderosa motocicleta Harley Davidson, sobre la cual gustaba desplazarse a gran velocidad por las calles de Managua, causando el asombro de las gentes timoratas.
Fuentitos hace ver que el accidente pudo haber ocurrido a escasa distancia de la Quinta Sección de Policía y las entonces llamadas Oficinas del Tránsito, a 50 varas hacia el occidente del parque del templo de Santo Domingo, muy cerca de la casa de los Cuarezma.
Es posible que el teniente Somoza, después de una noche de farra en la víspera de la traída de Santo Domingo se dirigiera a la estación policial cuando arrolló a la niña, dice Fuentitos.
Sin embargo, no registró esta versión, omisión que constituyó una falla en su trabajo como reportero.
Sobre los protagonistas, piensa que la Estebana Munguía era una insana mental y que Chumequita confundió una sesión apasionada entre la Vega López y el chino Quant con un acto de violencia.
“El era un niño y la visión de aquello desbordó su imaginación”, considera Fuentitos.
En su opinión, el proceso judicial en el caso Cuarezma constituye el mejor ejemplo de lo que un juez no debe hacer y una prueba clara del estado de la justicia en Nicaragua.
Viendo el caso desde otro ángulo, afirma que con el caso Cuarezma se inauguró en Nicaragua el periodismo gráfico mediante el uso de las modernas cámaras Speed Graphic.
“La gente se asombraba al ver por la noche publicadas las fotografías de lo que había ocurrido en la mañana”, recuerda.
El caso despertó tal interés que la gente virtualmente arrebataba de la mano de los voceadores el periódico con las últimas revelaciones, dice.