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No es sorprendente el abstencionismo para los comicios electorales en Nicaragua. La corrupción reinante a todos los niveles gubernamentales ha convertido las elecciones municipales y presidenciales en una farsa.
El cinismo hacia lo político es ahora una virtud en Nicaragua que abre paso a la apatía a la hora de declararse por la “candidatura” de individuos sin oposición ni conciencia.
En un futuro cercano se dará una elección en el país y nadie asistirá a la fiesta. Lo triste de esto es que el Presidente Alemán interpretará tal repudio como la “voz silenciosa del pueblo” al igual que lo hiciera Fujimori en Perú.