ERNESTO HUEZO
(Primera de dos partes)
Recientemente estuve en una reunión que realizó la Fundación Gran Canal en el Hotel Las Mercedes. En ella, el Dr. Jaime Incer Barquero expuso con un dominio total y con detalles minuciosos el impacto ecológico que tendría un canal húmedo por Nicaragua. Dicho impacto, según el Dr. Incer, no sólo ayudaría a restablecer el “equilibrio ecológico” que Nicaragua tanto necesita sino que advirtió que de no construirse esta obra, nuestros bosques durarán quizás 20 ó 30 años, principalmente a consecuencia del ritmo de destrucción de bosques que actualmente se observa.
Asimismo, el Dr. Mario Alonso dio cifras espeluznantes sobre el ritmo de crecimiento económico de Nicaragua de no contar con “proyectos de impacto” tales como el Gran Canal. En términos sencillos, de continuar creciendo el Producto Interno Bruto (PIB) de Nicaragua a un promedio de 5 por ciento anual en términos reales, que es una excelente tasa, y asumiendo que Nicaragua siempre obtendrá un promedio de US$500 millones anuales en concepto de préstamos y donaciones a como lo ha recibido en los últimos años, y que valga la aclaración que sin dichos recursos quizás el PIB no hubiese crecido al mismo ritmo, y asumiendo que en Nicaragua no ocurran desastres naturales tales como el huracán Mitch, inundaciones como las de 1999 o terremotos, entonces estaríamos hablando que en el año 2,038 el PIB per cápita del nicaragüense sería de US$1,120, nivel similar al que obtuvo en 1977. es decir, habrían transcurrido 61 años, casi una vida, para recuperar el mismo nivel de ingreso per cápita que se obtuvo en 1977. Lo más triste es que para esta fecha, aún estaríamos dentro de los países más empobrecidos del mundo y con una situación ecológica de lo más desequilibrada. Este es el escenario más optimista.
Finalmente, después de que los distintos expositores en dicha reunión nos ilustraron la importancia de contar con un canal interoceánico para sostener el equilibrio ecológico, para generar empleos que son tan escasos en estos tiempos, para estimular la inversión extranjera que tanto se necesita y para que Nicaragua logre salir del estado de pobreza en que se encuentra, se advirtió que los posibles enemigos de este macro proyecto no serían nuestros vecinos centroamericanos o suramericanos sino que seríamos los mismos nicaragüenses.
Después, con mucha lástima leí en LA PRENSA del 21 de julio un artículo del Sr. Mario Alfaro Alvarado, y constaté lo cierto que fue dicha advertencia.
El autor es economista