Por la historia

ROGER NORORI GUTIERREZ

A propósito de lo externado en la página de Opinión del periódico LA PRENSA del día 16 de julio, por los señores Mario Sandoval Aranda y Julio Ruiz Quezada (Controversia sobre el liberalismo), doy mis pareceres no a favor de una de las versiones de éstos, sino a favor de la Historia de Nicaragua.

Desde el siglo XIX se empezó a escribir formalmente la historia de este país, con el fin de fortalecer los rasgos identitarios de la sociedad para con la nación. La idea era despertar las nociones de lealtad nacional hacia el territorio, y para ello la “historia patria” que se escribió, sirvió de alguna manera a estos propósitos.

Sin embargo, no es posible evadir la identificación de las preferencias partidarias de los escritores decimonónicos como José Dolores Gámez, Jerónimo Pérez, Tomás Ayón y Francisco Ortega Arancibia. Cada uno de ellos escribió la historia de Nicaragua desde su propia vivencia y desde sus propias creencias políticas.

En el transcurso del siglo XX hubo una profusa actividad historiográfica de personajes que de una y otra manera estuvieron conectados a un hecho histórico, en especial político o que estuvieron ligados a un personaje político. Así cada partido histórico: liberales y conservadores, escribieron otra historia en donde para los primeros los Adolfos Díaz, los Emilianos Chamorro o los presidentes de los Treinta Años no fueron más que gobiernos atrasados, corruptos y otros epítetos más, en cambio para los últimos los José Santos Zelaya, los José María Moncada y otros fueron déspotas, vendidos, etc.

Mas acá, los sandinistas pretendieron reelaborar la Historia de Nicaragua y no hicieron más de lo que habían hecho los conservadores, liberales y somocistas en su tiempo: una historia tuerta, parcial y confabulada contra los principios de la identidad nacional.

Ahora vienen estos señores queriendo vendernos la misma historia de los liberales y los conservadores, castrando una de las funciones básicas de la historia que es la de procurar fortalecer los lazos de pertenencia territorial, de identidad colectiva. No se ha hecho Historia de Nicaragua sino historia de bandos, de partidos interesados en exaltar sus propios despropósitos para culminar las lealtades partidarias.

Lo único que demuestran estos señores es su ignorancia por la historia de Nicaragua que de paso no les interesa mientras exista la oportunidad para ellos de exaltar al partido por sobre la nación. En ese sentido no se diferencian en nada de los “sandinistas” cuando intentaron expulsar a los conservadores y los liberales de la historia nacional y exaltar las virtudes del “frentismo”.

La Historia de Nicaragua se ha escrito con el esfuerzo de quienes se han involucrado en los acontecimientos históricos, esto incluye al líder político junto al último de sus soldados y los del ejército rival. Incluye también a José Dolores Estrada junto a William Walker, Francisco Castellón, Doña Damiana, Manuel Antonio de la Cerda, Pedrarias Dávila, los Anastasio Somoza, Augusto Calderón Sandino, Rigoberto Cabezas, Emiliano Chamorro y los masacrados el 23 de julio de 59 o en los acontecimientos de la Avenida Roosevelt el 22 de enero del 67, como también a los muertos en la guerra constitucionalista y la guerra contra Somoza y también los sobrevivientes. TODOS.

No hay líder si no hay un pueblo que le siga, como no hay un pueblo que reconozca a un líder para poner sus esperanzas en él. También no hay gobernantes que no hayan cometido errores en su gestión o líderes que no hayan sido totalmente humanos, pero por supuesto que es justo reconocer lo que algunos gobernantes hayan hecho por el progreso de la sociedad, no como una concesión graciosa de éstos hacia el pueblo, sino porque era su responsabilidad histórica hacerlo de esa manera.

Así actuó José Santos Zelaya tratando de culminar un proceso de modernización del país que ya habían inciado los llamados conservadores desde 1854. Asimismo Fruto Chamorro había iniciado en ese mismo año la construcción definitiva de la República y los liberales como Francisco Castellón y Máximo Jerez desataron la guerra. Los liberales de hoy pregonan que Zelaya proclamó la libertad de cultos, enseñanza laica y otras liberades ciudadadanas pero ignoran que esto obedece a un proceso que vino madurándose desde Tomás Martínez y Fernando Guzmán.

Nuestros estudiantes en las universidades y colegios no quieren escuchar historias de partidos disfrazadas de historia nacional, quieren profesionalizarse y conocer más objetivamente el pasado de la sociedad.

El autor es Profesor Universitario  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí