¿Quién era Laura Vicuña?

  • Laura, con el anhelo satisfecho de
    ver a su madre arrepentida expiró
    la noche del 22 de enero de 1904, cuando tenía solamente 13 años

María Elena C. de Lacayo

En estos días mucho se ha oído hablar de “Laura Vicuña”, nombre que lleva la Escuela, ubicada en el camino a la Laguna de Apoyo y que ha servido de refugio a muchos damnificados por los terremotos de esa zona. La Asociación de Damas Salesianas, responsable de dicha escuela, desea dar a conocer quién fue Laura Vicuña, la heroica niña que ofrendó su vida por la conversión de su madre, tomando datos del libro de M.L. Beccalossi.

Laura Vicuña nació en Santiago de Chile en 1891, primogénita del matrimonio de José Domingo Vicuña y Mercedes Pino. En ese entonces Chile vivía tiempos políticos difíciles: estalla una guerra civil provocada por la Marina para derrocar al presidente José Manuel Balmaceda, y éste para evitar lo peor, propone como candidato a un miembro del Partido Conservador llamado Claudio Vicuña, pero esto ya fue muy tarde. Sus contrarios se apoderaron del poder y empezó en ese momento una persecución contra los Balmaceda y los Vicuña. Don José Domingo era pariente y llevando el mismo apellido tuvo que huir con su familia al exilio.

La familia de Laura se establece en una población a 500 km de Santiago, aquí nace una segunda niña, Amanda, pero ni esta alegría da paz a la familia, y el señor Vicuña enferma gravemente y muere. La señora Mercedes sola con sus dos pequeñas hijas, decide que cruzarán los Andes para establecerse en Argentina, zona rica en promesas y meta de muchos emigrantes. Llega, con toda la ilusión de trabajar honradamente para que sus hijitas crezcan tranquilas y seguras; pero… se encuentra sola, sin apoyo y no consigue trabajo fijo. Mercedes se siente sola y vulnerable y entonces conoce a Manuel Mora, un rico propietario apuesto pero sin escrúpulos que le ofrece su apoyo. Mercedes sueña con reconstruir su hogar y acepta su protección. Ella cree que Manuel Mora se casará con ella pero él no tiene esa intención.

Mercedes y sus hijas se establecen en una de las propiedades de Manuel Mora y se quedan allí.

Pronto las niñas, con la ayuda económica de Manuel Mora, inician sus estudios en el Colegio de Religiosas Hijas de María Auxiliadora, recientemente fundado en Junín de los Andes. Una mañana Sor Rosa les habló a las alumnas sobre el matrimonio, sacramento por el cual Dios asocia al hombre y a la mujer a su plan creador. Laura escuchó atenta, en ese momento comprendió la trágica situación de su madre. Comprende y le da a las cosas su valor. Condenar a su madre… eso no, la verdad es que fue por ellas que aceptó quedarse en la estancia de Manuel Mora. Ella le pedirá a Jesús que su mamá vuelva a la vida, al verdadero amor. “No hay amor más grande que el que da su vida por la persona amada” (Jn. 15-13) lucharé, Señor aunque me cueste la vida. mi vida por la suya. ¡Vale la pena!

Pasa su primer años escolar y vuelve a casa con su madre, durante las vacaciones. Manuel Mora intenta irrespetar a Laura, pero ella se defendió y huyó; y él, furioso se desquitó con la madre maltratándola. Las niñas regresaron al colegio, en este año Laura recibirá su primera comunión, ofrece sacrificios y oraciones, y lo único que pide a Jesús en el día feliz de su primera comunión es que su madre se acerque al Señor. Laura conversa con su confesor y le dice que quiere ofrecer su vida por la conversión de la madre; el padre le explica la trascendencia de este acto: “¿y si el Señor le toma la palabra? Laura le mira sorprendida “nunca he dudado que aceptará mi palabra”.

Llega un nuevo invierno Laura enferma, se ve pálida y débil, pero siempre se le ve solícita con las religiosas y compañeras. Siempre en la Capilla orando. La madre llega a verla, alquila un cuarto para estar con ella y cuidarla. Una noche llega Manuel Mora, quiere quedarse a dormir en la habitación alquilada, pero Laura le dice a su mamá, “si él se queda, me voy yo” y se levanta. Mora se enfurece y golpea a Laura a puñetazos y puntapiés; ella cae vencida a sus pies, pero en realidad el vencido fue él. Laura empeora, siempre la visitan las monjitas y su confesor que le lleva a Jesús. Ya le queda poco tiempo, ella lo sabe, “mamá acércate” tengo que hablarte: “no me curaré, la muerte está cerca. Yo misma se lo he pedido a Jesús. Le he ofrecido mi vida por ti, para obtener la gracia de que vuelvas a él”. Mercedes anonadada lloró. Y Laura, con el anhelo satisfecho de ver a su madre arrepentida expiró la noche del 22 de enero de 1904, cuando tenía solamente 13 años.

Fue beatificada por Juan Pablo II el 3 de septiembre de 1988 en el Collado de las Bienaventuranzas Juveniles, de Castelnuovo Don Bosco (provincia de Asti, Italia).

La autora es miembro de la Asociación de Damas Salesianas.  

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