Cuando no hay cambio estalla la tempestad

  • Si el gobierno cierra la opción de la vía pacífica de las elecciones como forma ordenada de encauzar la vida ciudadana, estará abriendo la puerta a la violencia y al desorden

Mario Alfaro Alvarado

Queda mucho tiempo por delante para seguir indagando las causas de la derrota del PRI y el surgimiento de una nueva etapa en la vida política del México moderno. Mientras tanto el ejemplo mexicano recorre todo el continente y es fuente de inspiración para los pueblos que encaran situaciones similares frente al continuismo y el estancamiento político y social.

Las causas, porque son muchas que se sueldan en un solo haz de antecedentes, están determinadas por los resultados que les son comunes a todos los regímenes que han declinado hacia la incapacidad para seguir gobernando sociedades que evolucionan, crecen y se transforman a contrapelo de unos principios revolucionarios que han perdido toda vigencia y actualidad.

Alrededor de la incapacidad para gobernar giran como satélites nocivos, los vicios acumulados en toda administración pública minada por la corrupción, el burocratismo parasitario, el fachadismo y la demagogia.

Si hurgamos en las páginas de la historia universal, encontraremos casos similares al de México, aunque más dramático, que nos llevarían hasta la caída del Imperio Romano. En todos ellos se repite el mismo esquema: corrupción, pobreza, ingobernabilidad, incapacidad administrativa y la falta de principios morales que den sustento a la autoridad.

Sobre la línea de la decadencia histórica se inscribe el caso nicaragüense. La sociedad ha cambiado desde los tiempos de las paralelas históricas, la población es mayoritariamente joven; los jóvenes citadinos se esfuerzan por obtener una carrera universitaria conscientes de que les espera la desocupación; el movimiento migratorio del agro a las ciudades y de las ciudades al extranjero está generando una inestabilidad social en constante crecimiento. El gobierno es incapaz de resolver los viejos problemas que se acumulan y los nuevos que nacen con el crecimiento demográfico, el desplazamiento de personas en busca de trabajo y las necesidades básicas de la población.

La agricultura, el principal e insustituible recurso para mantener la economía nacional, está abandonada a su suerte. Los agricultores y ganaderos, aunque tienen derecho a exigir, suplican por la reactivación del agro y el gobierno ni siquiera les ofrece esperanzas ¡Que cada quien se las arregle como pueda!

Cuando este gobierno habla de “programas sociales” ¿a qué se está refiriendo? El pueblo de Nicaragua debe saber cuánto se gasta y en qué forma se gasta el presupuesto de los organismos estatales inventados para combatir la pobreza. Una forma de que el pueblo crea en los beneficios sociales es que esos beneficios realmente existan, que no sean abstracciones de la propaganda oficial. ¿Cuánto se gasta en los pobres? ¿Cuánto se gasta en la burocracia? ¿Cuánto se derrocha para satisfacer los privilegios?

Todo el dinero que maneja el gobierno pertenece al pueblo, incluidos los préstamos internacionales, puesto que es el pueblo el que, en definitiva, tendrá que pagarlos a partir de la presente generación y las que vendrán después.

Después de dos guerras, una contra la dictadura somocista y otra contra el totalitarismo sandinista, el pueblo ha quedado agotado económica y emocionalmente. Al renunciar a la lucha armada ha optado por la vía pacífica de las elecciones como forma ordenada de encauzar la vida ciudadana. Si el gobierno cierra esa opción, estará abriendo de nuevo la puerta a la violencia y al desorden.

Cuando un sistema político ha agotado toda su capacidad para mantener el equilibrio económico, social y político de una nación y quiere mantenerse en el poder contra la voluntad popular, tiene necesariamente que recurrir a medidas ilegales como el fraude electoral y la represión policíaca. Entonces surge como necesidad inevitable la demanda popular por un cambio en la dirección del país, que si no es satisfecha puede convertirse en tempestad. En los tiempos actuales el caudal de las sociedades no puede represarse sin correr el riesgo de provocar una inundación incontenible.

Este gobierno está más interesado en replicar el modelo bipartidista del somocismo, que enfrentar los crecientes problemas que tienen al país al borde de la postración económica. En la cadena de causas y efectos, la alternabilidad en el ejercicio del poder está en el primer lugar. Si no hay elecciones transparentes no habrá alternabilidad, pero habrá descontento popular y entonces estará muy cerca la tempestad.

El autor es periodista.  

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