A la izquierda Desiderio Dalton, socio de la empresa Varila S.A y a la derecha el alcalde, George Howard durante la entrevista que concedió en su despacho. LA PRENSA/MOLINA.

¿Tendremos que importar agua?, se preguntan en la isla

“Nosotros queremos atraer la inversión. Queremos vender Corn Island”, dice Howard, quien confía plenamente en la viabilidad del proyecto “Desy Residence” “En San Andrés no hay agua la gente tiene que comprarla. Yo tengo un hermano allá”, dice Melody Taylor, una isleña que es parte del Movimiento por la Defensa y la Dignidad de Corn […]

  • “Nosotros queremos atraer la inversión. Queremos vender Corn Island”, dice Howard, quien confía plenamente en la viabilidad del proyecto “Desy Residence”
  • “En San Andrés no hay agua la gente tiene que comprarla. Yo tengo un hermano allá”, dice Melody Taylor, una isleña que es parte del Movimiento por la Defensa y la Dignidad de Corn Island

AMALIA [email protected]

En muchos asuntos cotidianos Corn Island se compara con San Andrés, la isla del Caribe colombiano. La polémica que suscita la construcción de un ambicioso complejo turístico, no es la excepción.

“No queremos otro San Andrés”. Esa frase se ha vuelto una especie de pregón entre los pobladores de Corn Island, que en su mayoría mantienen lazos estrechos con los habitantes de la isla colombiana, que alguna vez perteneció a Nicaragua.

“En San Andrés no hay agua la gente tiene que comprarla. Yo tengo un hermano allá”, dice Melody Taylor, una isleña que es parte del Movimiento por la Defensa y la Dignidad de Corn Island.

Taylor, que ha estado en San Andrés en varias ocasiones, explica que ahí no sale agua potable del grifo, desde hace tiempo. Por lo general el agua que se bebe se compra. Cuando no, es porque la gente recoge agua de lluvia.

Taylor cuenta que en San Andrés, una ciudad eminentemente hotelera, la gente ha construido pilas para el acopio del vital y escaso líquido.

“Aquí todavía sale agua del chorro y fuerte”, dice con orgullo Lily Down, otra isleña también miembro del movimiento que prevé que la construcción de la empresa Varila S.A. en el humedal, les quitará ese privilegio.

HOTEL LA PANACEA

Sin embargo, el alcalde de Corn Island, George Howard, quien pretende el progreso de la isla, opina lo contrario en el caso San Andrés. Howard dice que ahí la gente no se quedó sin agua por rellenar humedales, porque cuando los hoteles se instalaron ya se habían dañado esos frágiles ecosistemas.

Para Howard la ejecución del proyecto Varila S.A. es decisiva para el desarrollo de la isla. “En Corn Island la gente vive de la pesca y antes del Joan (huracán) vivían del coco”, dice Howard, quien cree que esas alternativas no son suficientes para satisfacer las necesidades de sus ocho mil habitantes.

“El hotel va a crear fuentes de empleo”, dice con satisfacción Howard, delante de los italianos Desiderio Dalton y Manuela Mattiuzzo, socios de Varila S.A., quienes permanecen en la isla al frente de la obra.

Sin embargo, en el proyecto del complejo “Desy Residence” queda claro que se crearán 26 empleos para los locales, los que se encargarán del mantenimiento del hotel. La parte administrativa estará en manos de italianos.

El alcalde dice que esos son los empleos directos, pero asegura que una vez instalado el complejo habrá trabajo indirecto para los dueños de otros negocios de la isla que se beneficiarán con la llegada de turistas al “Desy Residence”.

“Nosotros queremos atraer la inversión. Queremos vender Corn Island”, dice Howard, quien confía plenamente en la viabilidad del proyecto “Desy Residence”.

El edil dice que comprende el miedo de la gente, sin embargo, considera que detrás de esa férrea oposición se mueven intereses políticos, que no argumenta.

Lo mismo cree Desiderio Dalton, quien entra y sale de la Alcaldía como un funcionario más.

Casualmente, el alcalde concedió la entrevista por mediación suya. Sin previo permiso a la secretaria Dalton entró al despacho de Howard e hizo que éste despachara a los que atendía en ese momento. Después, tanto Dalton como su esposa, Manuela Mattiuzzo, se quedaron en la oficina el tiempo que duró la entrevista.

La acusación de Dalton y Howard no tiene asidero. Ninguno de los miembros del movimiento milita activamente en algún partido político. En el planteamiento del movimiento tampoco se promueve la imagen de un futuro candidato.

ALCALDIA TOMA REPRESALIAS

La Alcaldía en cambio sí ha tomado medidas restrictivas en contra de algunos isleños que trabajan en la comuna y se oponen a la construcción del proyecto “Desy Residence” en el humedal.

Lily Down, hasta el 20 de julio fue promotora social de la Alcaldía de Corn Island. Después de participar en un foro que se organizó para discutir la construcción del proyecto, fue despedida.

George Howard, dice que Down fue despedida porque durante el foro se le quiso ir encima a Dalton. El edil agrega que no era la primera vez que actuaba así. En una ocasión dice que golpeó a una funcionara del MECD en la calle y que desde entonces estaba advertida.

También de un hilo pende la cabeza de otro funcionario de la Comuna, Ricky Smith, jefe de transporte, de quien según Howard se han quejado los concejales por abandono de trabajo en dos ocasiones.

Howard dice que en una ocasión Smith se fue a Managua por varios días sin explicaciones. Sin embargo, Smith, miembro activo del movimiento, dice que al administrador de la Comuna le consta que anduvo en la capital por razones de salud.

¿POR QUE CONSTRUIR AHI?

Mientras esta anomalía se dilucida, John González, presidente del Movimiento por la Defensa y la Dignidad, insiste en que no se trata de oponerse a la construcción del complejo. “No estamos en contra de la inversión”, dice González quien asegura que los italianos bien pudieron interesarse por un terreno sólido.

A eso, Howard dice que toda la playa de Corn Island está rodeada de humedales. Pero los pobladores opinan lo contrario. Si se recorre la isla por la playa es posible constatar que hay muchos terrenos más firmes que el adquirido por la empresa Varila S.A.

Dorel Down cree que una de las razones para construir fue el precio. Down dice que el humedal, pese a su importancia, no tiene el valor del terreno sólido. Calculan que un acre en humedal cuesta entre 3,500 y 5,500 dólares, en cambio en tierra firme anda sobre los 6,000 dólares.  

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