Piezas de museo

  • La verdad es que
    todos estos viejos
    zorros deberían ya estar ocupando su verdadero lugar que les corresponde
    como piezas de
    museo de nuestra
    historia política
    contemporánea

Erasmo [email protected]

Hace unos días leíamos un interesante artículo titulado “Quien representa a los jóvenes”, en el cual relataba con justa decepción e indignación su juvenil autor, que estuvo presente en una reunión política a la cual fue invitado y que al final de la misma, los políticos ahí reunidos no dieron ninguna oportunidad a los jóvenes allí presentes a expresarse y mucho menos fueron tomados en cuenta para postulaciones como precandidatos a concejales en las elecciones municipales que se avecinan.

Nosotros decíamos en un artículo anterior que ya era hora de que los viejos zorros de la política criolla dieran paso a la juventud, para que todos los jóvenes honestos de este país que tengan deseos de trabajar por este noble pueblo, fueran asumiendo un papel más beligerante en la política nacional y allí mismo hacíamos un llamado a nuestra juventud para que unidos en un solo bloque, sin ningún compromiso partidario, se organizaran y dedicaran sus energías a rescatar los valores morales hasta hoy perdidos por los malos gobiernos que hemos elegido.

Y es precisamente esa pérdida de valores y la falta de cumplimiento de las promesas de los viejos políticos al llegar al poder, lo que ha generado un clima de desconfianza generalizado a tal grado que el pueblo ya no cree en ninguno de los zorros en mención que al fin al cabo no son más que zorros del mismo piñal que igual daño han hecho a nuestro sufrido pueblo en todas sus actuaciones de gobierno.

La verdad es que todos estos viejos zorros deberían ya estar ocupando su verdadero lugar que les corresponde como piezas de museo de nuestra historia política contemporánea, y por el bien de nuestra patria, deberían de dar paso a la juventud emergente, a esa juventud que no se le ha dado la oportunidad de demostrar que puede hacer mucho por el pueblo humilde que tanto clama y necesita de sus verdaderos hijos en su lucha cotidiana por salir de una vez y para siempre de la pobreza y la miseria que le agobian.

El autor es ingeniero agrónomo.  

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