Pbro. Silvio Fonseca Martínez
Lecturas Bíblicas: libro de los Reyes 4, 42-44/Ef. 4,1-6/San Juan 6, 1-15
A partir de este domingo notamos la interrupción del evangelista Marcos por cinco domingos para dar paso al capítulo 6 del evangelio de San Juan referido al discurso eucarístico. Aunque pudiese aparecer un corte brusco en referencia al domingo anterior, no lo es, ya que la semana pasada el evangelista nos narraba la compasión de Jesús por aquella multitud que andaban como ovejas sin pastor y necesitadas de satisfacer todo tipo de hambre.
En el inicio del discurso eucarístico de este domingo, aparece una nota importante que no puede pasar inadvertida: Jesús tomó la iniciativa de satisfacer el hambre de aquella multitud y reparte “personalmente” el alimento (Jn. 6,11), lo que lógicamente le hace ganar la admiración pero también un verdadero profeta; sin duda los judíos tuvieron presente en aquel momento al Profeta Eliseo que hoy leímos en la primera lectura donde también se repite la multiplicación de los panes.
Es innegable el cuadro eucarístico en este evangelio; nos corresponde reflexionar algunos elementos propios para la Fe Cristiana, como el gesto de compadecerse, tomar la iniciativa, dar de comer, agradecer y la satisfacción física y espiritual del alimento. El domingo pasado me refería a la compasión perdida por la humanidad; en el presente domingo Jesús nos revela su humanismo para aquella multitud. El no pregunta su procedencia ni qué religión profesa; él simplemente se da a todos y lo da todo; él no busca protagonismo, ni quiere que confundan su misión; de ahí que opta por retirarse cuando lo querían proclamar rey (Jn. 6,15).
Para el cristiano, es de suma importancia ahondar en el verdadero significado eucarístico, partiendo de la enseñanza Paulina que hoy leímos en la segunda lectura: “No hay más que un solo cuerpo y un solo espíritu” (Ef. 4,4). La verdadera Eucaristía no admite la acepción de personas; sólo así podemos vivirla en plenitud porque Jesús no lo tuvo; él invitó a su mesa a todos, porque hay “un solo Dios, Padre de todos”, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos” (Ef. 4, 6).
Es indiscutible que el evangelista Juan se refiere en este momento a un hambre física; Jesús parte de esas necesidades para llevarlos a Dios; pero nos enseña también que los cristianos no podemos ser indiferentes a esas necesidades para no equivocarnos en “espiritualizar” las necesidades vitales. Aquí vale la pena recordar las palabras de Santiago: “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y hartaos’, pero no le dais lo necesario para el cuerpo ¿de qué sirve?”. (St. 2, 16-17).
La conclusión es sencilla: el cristiano debe tomar siempre la iniciativa y dar “personalmente” lo ofrecido, de lo contrario no tiene méritos.