“No sabía que tenía una familia muy grande”, dice Ernesto Enrique, aquí junto a su madre y uno de sus hermanos.

Madre e hijo se encuentran luego de cuatro décadas

GERARDO BRAVO M. Una búsqueda de aproximadamente 40 años terminó hace pocos días, cuando Ernesto Enrique Díaz se reconoció en una foto que su madre publicó en LA PRENSA y permitió el reencuentro. Díaz fue separado de su madre, Rosa Anduray, entre el año 1961 y 1962, cuando su padre, Manuel Díaz, se lo llevó […]

GERARDO BRAVO M.

Una búsqueda de aproximadamente 40 años terminó hace pocos días, cuando Ernesto Enrique Díaz se reconoció en una foto que su madre publicó en LA PRENSA y permitió el reencuentro.

Díaz fue separado de su madre, Rosa Anduray, entre el año 1961 y 1962, cuando su padre, Manuel Díaz, se lo llevó para que fuera criado por su nueva mujer Cristina Pacheco.

Para ese entonces era un niño de cuatro años y no volvió a escuchar el nombre de su madre hasta un encuentro casual, uno o dos años después, que tuvo su padre con un amigo, cuando lo llevaba a él de la mano.

“Era un domingo, de eso sí me acuerdo, porque eran los días en que salíamos a pasear. Ibamos por uno de los andenes que van paralelo a la Carretera Norte, cuando un amigo de mi padre después de saludarlo le hizo una pregunta que lo incomodó un poco: ¿Y el hijo de la Rosa? La mirada de ambos se posó sobre mí y lo único que dijo mi papá fue: “Ahí está el chiquitín”. Esa conversación fue clave para Ernesto Enrique Díaz.

Tenía en ese entonces apenas 5 ó 6 años de edad. A partir de ese momento cargó con la duda y con el paso del tiempo sus sospechas sobre su verdadera madre fueron creciendo. “Yo aprovechaba cada vez que un tío mío se emborrachaba para hacerle preguntas sobre mi madre verdadera, pero mi tío nunca me dijo nada”, afirma Díaz.

A los 12 años de edad, intensificó sus pesquisas. Preguntaba a personas que habían conocido a su padre, pero siempre se encontraba con un muro de silencio, sólo rumores le llegaban sobre su verdadera madre.

Díaz mantenía el recuerdo de su verdadera madre. Eso hizo que él fuera un niño apartado, observador, analizaba lo que era bueno y malo. Según él a pesar de estar con su padre y su madre de crianza, siempre se sentía solo. “Yo sentía que algo me hacía falta, es algo así como que tu cuerpo está completo pero que te falta el corazón”.

Es por eso que cuando llegaba el Día de las Madre para él era un día triste, a pesar de recibir cariño de su madre de crianza. “No sentía ese calor de madre que te da una madre verdadera, también la duda de saber que ella no era mi madre me consumía”, señala Díaz.

Y agrega que “la duda se acrecentó más cuando una vez recibieron en la casa de mis padres la visita de una señora, después me enteré que era mi abuela, la madre de mi verdadera madre y me dijo: yo soy tu mamá. En ese instante lo que hice es refugiarme en mi cuarto a esperar que ella se fuera”.

Al preguntar a sus padres, por qué esa señora decía que era su madre, ambos se molestaron y le dieron una mala respuesta. Uno de los que sabía de la existencia de su madre era su primo Ramón García, quien por temor a la madre de crianza jamás le confirmó lo de su verdadera madre.

Hace 13 años que su padre murió y con él se había ido la posibilidad de saber sobre su madre.

Sin embargo, el amor de madre siempre estuvo presente en una humilde mujer que nunca perdió la esperanza de reencontrase con su hijo. Rosa Anduray envió una carta a LA PRENSA solicitando ayuda para encontrar a su hijo. Y efectivamente luego de la publicación Ernesto Enrique Díaz pudo enterarse quién era realmente su verdadera madre.

La noticia le llegó a través de su primo Ramón, quien le dijo que él salía en LA PRENSA, en una foto con su verdadera madre.

Cristina Pacheco, estaba un poco nerviosa, una verdad ocultada por más de 40 años se había descubierto, Ernesto, frente a ella le pregunto: ¿Por qué no me lo dijiste? “Yo le creí a tu padre y además fue una orden que él dio y yo la cumplí”, le explicó por toda respuesta.

El calvario que hace más de 40 años doña Rosa empezó, hoy ha concluido con el reencuentro entre madre e hijo, algo que ambos esperaban desde hace mucho tiempo. Hoy tienen una nueva oportunidad para rehacer sus vidas como una sola familia.  

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