La imagen de Nicaragua

A fin de conocer la percepción que se tiene de Nicaragua en el ámbito inversionista dentro y fuera del país, la firma costarricense Demoscopia hizo una encuesta entre un grupo de empresarios escogidos de cada país centroamericano, México, República Dominicana y Chile. La encuesta fue comisionada por la agencia de cooperación alemana GTZ y por el Ministerio de Fomento Industria y Comercio (MIFIC), y se supone que los resultados de ella le servirán al Gobierno como insumo para la elaboración de una estrategia destinada a mejorar la imagen del país en el exterior, todo ello con el fin de hacerla más atractiva a los posibles inversionistas.

Como se sabe, la percepción que se tiene de algo es lo que verdaderamente cuenta, independientemente de que ella se ajuste o no a la realidad, ya que las acciones tienden a implementarse en función de lo percibido. Por ejemplo, en muchas partes del mundo se tiene la idea de que Costa Rica es un “país verde”, o sea, que hace esfuerzos ingentes para proteger y preservar su medio ambiente. No obstante, fotos de satélite demuestran que es uno de los países más deforestados de Centro América. Lo que sucede es que los costarricenses, habiendo organizado bien su sector turístico, saben orientar a los visitantes extranjeros hacia algunos bosques que han preservado como parques nacionales, logrando crear así una imagen internacional “ecologista”.

De Nicaragua, para nuestro infortunio, se tiene una imagen bastante pobre. Alguna gente en el exterior cree incluso que el país todavía es gobernado por los sandinistas, y que el ambiente político y social es como el de los años 80. Muchos otros ni siquiera saben dónde está ubicado en el mapa. Aún así, en todos los países encuestados hay quienes consideran a Nicaragua como un posible lugar donde invertir, aunque muchos de los entrevistados señalan aspectos que quisieran ver mejorados antes de considerar oportunidades de inversión en concreto.

Todos los países del mundo procuran mejorar su imagen en el exterior, especialmente aquellos que —-como Nicaragua—- están interesados en promover el turismo. El asunto está en cómo hacerlo de manera eficaz y al más bajo costo posible. En esto hay que tener mucho cuidado, porque es muy posible hacer un gasto de promoción de imagen sumamente costoso sin lograr ningún resultado positivo.

Asimismo debemos estar claros de lo siguiente: la promoción de imagen —-no importa qué tan bien se haga—- no puede servir de substituto a la necesidad de cambiar y corregir todo aquello que está mal hecho o que regularmente hacemos mal. En este mundo globalizado, donde las noticias viajan, literalmente, a la velocidad de la luz, nada se puede ocultar indefinidamente. Una publicación en un periódico o en una revista de prestigio que revele la inoperancia de las instituciones, un escándalo de corrupción que haya quedado impune, o unas declaraciones arbitrarias y contradictorias del Presidente, contribuyen a forjar una mala imagen de Nicaragua que ningún esfuerzo promocional puede contrarrestar. Por el contrario, cuando en un país los tribunales de justicia son honestos, imparciales y funcionales, cuando las reglas del juego son claras, cuando la atención que se le brinda a los visitantes interesados en explorar oportunidades de inversión es cordial y eficiente, todo ello, tarde o temprano, encuentra eco en las noticias internacionales y ayuda a mejorar la impresión que de ese país se tiene en el exterior.

Otro aspecto a tomar en cuenta antes de iniciar cualquier estrategia de promoción de imagen es la definición precisa y bien ponderada de lo que se quiere lograr. Sólo así se pueden orientar los esfuerzos y los recursos hacia los sectores inversionistas que de verdad interesan. Y por último, algo muy importante es que se debe tener mucho cuidado en la selección de firmas promotoras. Estas deben de ser serias, altamente experimentadas y con un récord de éxitos demostrable. Lo peor que podría hacerse es escoger una firma en base a amiguismos o para favorecer a personas allegadas al Gobierno.

En este asunto, como en todos aquellos que son pagados con los impuestos de los ciudadanos, los recursos financieros tienen que usarse honesta y eficientemente.  

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