- “Hay un vacío de liderazgo en la juventud, porque las universidades ya no forjan a profesionales comprometidos con el futuro”
- “Ese 23 de julio denotaba el enfrentamiento de la fuerza bruta y la libertad, la racionalidad. La fuerza no puede ver a la razón y es enemiga de la libertad, no puede ver a la libertad”
- “Me inquieta el hecho que se vayan dando acontecimientos que vuelven a crear el pasado o algo parecido, en el sentido del pacto que excluye a otras fuerzas políticas, la absorción de los poderes del Estado por el poder ahora, no de uno, sino de dos…”
ROBERTO OROZCO B. [email protected]
La escena era apocalíptica. Cuatro personas muertas y decenas de heridos, yacían sangrantes sobre una avenida cerca del Parque Central de León, con sus carnes reventadas por las balas. El asfalto pasó del color negro al rojo segundos después de una de las masacres estudiantiles más impresionantes en la historia del país: la del 23 de julio de 1959, hoy hace 41 años.
Terminaba la década de los 50, una época marcada por la violencia política y sobre todo, al término de ésta, por el temor de las dictaduras latinoamericanas a terminar como había terminado la de Cuba, el 1 de enero de 1959. Los Somoza no escaparon a ese temor.
Nicaragua anhelaba cambios sociales y políticos profundos, según explica Luis Felipe Pérez, uno de los estudiantes que para ese año fue víctima de esa masacre. Ex miembro del FSLN y ex alcalde de León, recuerda hoy los tensos momentos de ese día y analiza, en esta entrevista, las circunstancias políticas que se vivían en ese entonces.
— ¿Cuáles fueron los antecedentes políticos más cercanos a la marcha del 23 de julio?
“Se concluía la década del 50, la cual se había iniciado con los pactos del general Emiliano Chamorro con el general (Anastasio) Somoza García. Esos pactos cerraban en un momento histórico más, los espacios de libertad a los nicaragüenses. Mediante ese pacto, Somoza al poco tiempo logra ser presidente del país.
Somoza concentró el poder político. Había terminado con los otros poderes del Estado: Un Parlamento que estaba sujeto a él, mediante esos pactos; un Poder Electoral que estaba a su voluntad y podía sacar los presidentes en el momento que él quisiera o delegar. Un Poder Judicial totalmente sometido a él. Entonces había una sujeción de los poderes del Estado, no al Poder Ejecutivo, sino a un solo hombre, al caudillo.
Esto estaba creando, además de la acumulación de riquezas, descontento en todos los sectores de la sociedad. Logró sujetar a todos los partidos políticos de esa época, etc., y lleva a las instituciones del gobierno a un descrédito, incluyendo, no sólo a los poderes del Estado, sino también a los partidos políticos y de alguna manera hay un vacío en la sociedad de liderazgo.
Ese vacío de alguna manera comienza a ser llenado por esta generación de estudiantes de la autonomía universitaria, pero esta generación no sólo aprende la concepción teórica de la libertad sino que se compromete a transformar la sociedad. Esta generación, formada en su mayoría por ese magnífico rector, Mariano Fiallos Gil, ya no podía estar ajena a lo que sucedía en ese entonces.
En ese período, los mismos militares de Somoza se le voltearon en el 54. Después vinieron los acontecimientos de la reelección de Somoza aquí en León. La muerte de Somoza en el 56 cuando se quería reelegir nuevamente, nosotros ya estamos ingresando a la universidad. Fuimos testigos de aquellas grandes represiones.
Hay un acontecimiento que logra generar una dinámica en el accionar de los estudiantes dentro de ese vacío de liderazgo, y es precisamente el triunfo de la revolución cubana”.
— ¿De qué manera repercute la revolución cubana en Nicaragua?
“Repercute en la universidad en el sentido de alimentar más esperanza de ver que puede caer una dictadura ya por medio de las armas.
Esto no sólo impacta en la universidad, sino en todos los sectores, porque si te acuerdas los jóvenes conservadores, Pedro Joaquín Chamorro, Reynaldo Antonio Téfel, se preparan en esos inicios del 59 hasta culminar con Olama y Mollejones, insurrección armada en la que al poco tiempo logran apresar a la gente.
Simultáneamente hay otro esfuerzo, más alzadas, son los jóvenes que ingresan por El Chaparral, Honduras, quienes están inspirados en la Revolución Cubana, esos son masacrados por la guardia hondureña al pretender entrar a Nicaragua. En ese grupo guerrillero vienen algunos universitarios, lo que fue un detonante para activar más las protestas en las calles.
En ese suceso es herido Carlos Fonseca, quien era uno de los compañeros de esta universidad”.
— ¿Fue por este último suceso que se decide realizar la marcha estudiantil?
“Precisamente, esto del 23 de julio se da en estos momentos. Había una tradición aquí, la cual era de hacer la recepción de los nuevos de primer ingreso, los “pelones”, como se les llamaba. Se hacían desfiles bufos, carnavalescos, donde ellos se emborrachaban, se pintaban la cara y desfilaban como querían.
Para ese año, se decide que esta vez no haya desfile, sino que se realizara una manifestación para protestar por la muerte de los estudiantes en El Chaparral y para proteger la vida de los que estaban capturados.
La manifestación se emplea ya para otra naturaleza. Se hicieron las peticiones al comando, donde se nos dijo por dónde debía transitar la manifestación y recuerdo que una de las condiciones era que ésta no debía pasar por el comando, el cual se ubicaba frente al Parque Central”.
— ¿Qué pasa cuando implementan la marcha de protesta?
“Nosotros veníamos en la Calle Real y cuando tratábamos de llegar al parque (central) fuimos detenidos por el mayor Anastasio Ortiz, de aquí de la ciudad”.
— ¿Quién era él?
“Él era un alto militar que siempre estaba en las manifestaciones, era de León, ligado a la familia leonesa. El jefe de la plaza militar de aquí era Federico Prado.
Este hombre, yo me acuerdo porque estaba cerca de él, nos dijo: “No sigan aquí porque tengo orden de disparar” y él estaba muy tenso. Al fin, se hizo un acuerdo de marchar hacia atrás cada uno un paso y logramos retroceder para buscar la universidad por el lado norte y, efectivamente estábamos llegando allí, cuando alguien dijo que habían detenido a algunos estudiantes.
Por eso, un grupo de nosotros agarramos a un “guardita” que caminaba cerca y que estaba de pase. Después le dijimos a la guardia que lo dejábamos en libertad cuando ellos liberaran a los estudiantes presos”.
— ¿Qué pasó después?
“Ya se había formado una comisión para ir a ver por qué la guardia había detenido a los otros estudiantes. La cuestión es que nosotros fuimos otro grupo que nos capturó otra patrulla y nos llevó al comando presos. Una parte de la manifestación quedó allí por donde Prío. Después hubo un acuerdo y nos dejaron libres y nos juntaron a la manifestación que estaba como a 100 varas pero a punta de culatas”.
— ¿Cuándo comenzaron los tiros?
“Pocos segundos después de estar junto al grueso de la manifestación y como a 100 metros del comando y en dirección a la universidad, lo que pude ver es que empezaron a lanzarnos las bombas lacrimógenas y todos comenzaron a correr, pero detrás de las bombas venían los disparos.
Los que nos ubicábamos más cerca de la posición de la GN, creímos que estaban tratando de dispersarnos con bombas lacrimógenas, pero no, detrás de eso nos disparaban balazos en formación de tiro y eso fue lo que causó los cuatro muertos y 80 heridos, yo entre ellos.
Esto, sin duda, era una situación delicada. Era como un “bautismo de fuego” que nos hacían a los estudiantes. Después de los acontecimientos, se desarrollaron las protestas de Nicaragua en general, todos los que tenían estudiantes aquí trataban de venir a León para cerciorarse de cómo estaba la situación. Todos los leoneses corrían a donar sangre. Eso ocurrió bajo el gobierno de Luis Somoza Debayle.
Sintetizando, ese 23 de julio denotaba el enfrentamiento de la fuerza bruta patentizada en ese poder omnímodo de un hombre y la libertad, la racionalidad por otra parte. Es incompatible, la fuerza no puede ver a la razón, es enemiga de la libertad, no puede ver a la libertad”.
— ¿Cuántos murieron?
“Cuatro compañeros: Eric Ramírez, de Chichigalpa; Mauricio Martínez, de Chinandega; Sergio Saldaña, de Masaya y José Rubí, de El Viejo”.
— ¿Cuántos resultaron heridos?
“Como ochenta”.
— ¿Cuántos manifestantes había?
“Posiblemente a la hora del tiroteo quedábamos, ente manifestantes y gente en la calle, una cuadra no totalmente llena y unas 400 personas. Debo decir que en esas manifestaciones había gente del pueblo que se agregaba, de manera que algunos heridos no eran estudiantes”.
— ¿Dónde ocurrió la masacre?
“Exactamente frente a la esquina noroeste del Parque Central. Donde hoy están las dependencias de la Alcaldía (de León) y donde hoy despacha el Consejo Municipal”.
— ¿Qué lección infiere de esta experiencia?
“A estas alturas, yo creo que, después de ver la historia, de cómo llegó a su fin Somoza; esa generación salió y de alguna manera tuvo participación decisiva en el derrocamiento de la dictadura y el triunfo de la revolución. Aunque yo no me acuerdo que alguno de nosotros, de los que participamos en la revolución, estén en el momento y actualmente con Daniel (Ortega), no sé, pueda ser que estén”.
— Según su análisis, me parece que hay similitud en las circunstancias políticas de aquel entonces con las actuales. ¿Usted no lo ve así?
“Personalmente me inquieta el hecho que se vayan dando acontecimientos que vuelven a crear el pasado o algo parecido, en el sentido del pacto que excluye a otras fuerzas políticas, la absorción de los poderes del Estado por el poder ahora, no de uno, sino de dos, pero que de todos modos refleja un quiebre de la institucionalidad, cuando ya no hay quién imparta justicia, cuando no hay un Legislativo que pueda ponderar y discutir, cuando el dogma se vuelve a imponer, es el caldo de cultivo para la violencia y la anarquía, es decir si ya no funcionan las instituciones estamos al borde de la anarquía, porque cada quien tendrá sólo confianza en su propia fuerza”.
— ¿Usted cree que se repite actualmente esa historia?
“Esa es la tragedia del país, volvemos a una misma situación. No encontramos la ruta para abandonar esta tragedia cíclica, claro, guardando las distancias. Pero el hecho de tener un sistema excluyente como el actual en nada difiere del que teníamos en aquel tiempo”.
— En 1959 la juventud propugnaba por un cambio. Estamos ya en el 2000. Quisiera que usted me dijera si realmente se dio ese cambio.
“No se dio. No voy a negar la revolución porque esa juventud fue parte de la revolución. Pero, adónde está la debacle, en cómo se administró esto después del 90. Allí es donde la juventud pierde, porque la juventud de alguna manera sigue participando en defender el proyecto revolucionario, aunque hay una especie de cansancio.
Yo creo que la juventud, este gran segmento que te dicen las encuestas que no creen, hubiera seguido manteniendo, aún perdiendo en el 90, la confianza si el comportamiento hubiese sido el de la mítica, de la integridad moral que llevó a la lucha a la gente.
— Entonces, ¿usted cree que no hubo transformaciones sociales con la revolución sandinista?
“Sí se hicieron transformaciones, pero a la vez había grandes fallas en la conducción de la economía y el poder es un fenómeno que también te pierde. Cuando nosotros llevamos el concepto del poder por el poder como un dogma, cuando comenzamos a ser excluyentes, cuando nos creímos poseedores de la verdad tan sólo nosotros, y el que no estaba con nosotros era contrarrevolucionario, la que perdía más era la revolución.
En resumen, la clase política no ha podido mantener la confianza de la juventud que se siente frustrada, de lo contrario su respuesta sería otra.
Yo escuchaba en la televisión que uno de los líderes juveniles de aquí, por ejemplo, los estudiantes de la universidad ya no van a conmemorar la fecha del 23 de julio, porque sencillamente ellos en la frustración evaden la realidad y buscan un escape en otra cosa y eso explica que no creen en la oferta política y la naturaleza del gobierno. Hay en la juventud como un vacío y esto es muy triste porque ellos son el relevo generacional.
Hay que reflexionar sobre lo que está pasando, porque si el sistema educativo del país no logra despertar la conciencia del estudiante para que como profesional asuma responsabilidades, el futuro es incierto. Entonces hay que revisar al sistema educativo.
Testimonio de una víctima
Esto (los disparos) fue una sorpresa. Creíamos que nos lanzaban gases lacrimógenos. La sorpresa aterradora fue cuando vimos que caíamos heridos. Era sorpresa desgarradora, después la impotencia en que uno se ve para poder contrarrestar esa agresión.
Yo salgo corriendo hacia el lado contrario de donde yo veo venir las bombas lacrimógenas. Al instante, siento un impacto, no determino en qué lugar del cuerpo, y salgo por los aires y caigo boca abajo. Cuando recibes un impacto de Garand, sentís que vas volando.
Trato de averiguar qué me pasó y me veo esta parte (muestra la parte interior del antebrazo izquierdo), desflorada totalmente. Siento que unas manos me halan y me meten al interior de una casa que, por casualidad, resultó ser una de las clínicas médicas que había sobre la avenida.
Estoy con otros. Todos los heridos estábamos desangrándonos y la sangre cubría el piso de tal manera que los cinco o siete que estábamos allí, dejamos totalmente ensangrentado. Ver allí a compañeros ya muertos fue un choque brutal.
Luego, sentir el dolor en el cuerpo que a los minutos era fuerte. Después, ver a un cura que llegó, creo que era norteamericano, el cual nos llegó a dar la absolución, cuando algunos ya estaban muertos. Cuando el sacerdote llegó a mí y me incorpora, noté que me corría abundante sangre por la cabeza, me dije que era un balazo mortal que no lo sentía, pero era la sangre del piso que había humedecido mi cabello.
Cuando llegamos al hospital, noté el desconcierto y la furia de la gente, los médicos y las enfermeras. Había una población enfurecida. Las muestras de solidaridad de las personas, todo el pueblo que quería donar sangre.
Me contaron que la sangre que quedó sobre la avenida, fue barrida por la GN con escobas y barriles de agua que vaciaban sobre el asfalto.
Nunca hubo justicia. Ni los tribunales comunes ni siquiera levantaron un instructivo para intentar procesar a los responsables.
Ulteriormente, lo que te dejó fue un compromiso para luchar para cambiar esa situación.