ISIDRO URTECHO MARIN
La misión del sacerdote es eminentemente religiosa, es iluminar con la luz de su fe al pueblo de Dios, es poseer un mundo de testimonio auténtico, el sacerdocio es sal y luz de la tierra, es sembrar el grano de trigo, es ser incondicional servidor del pueblo de Dios. El sacerdote tiene la responsabilidad de mantenerse fiel y activo hasta el último día de su vida religiosa, ese es el compromiso adquirido al momento de su consagración, precisamente por eso son los hijos predilectos de Dios, son hombres que han escogido un apostolado, una vocación de sacrificio y de servicio, es un seguir a Cristo y un parecido a Cristo, se trata de hombres llamados por Dios Padre. Nuestros pastores tienen la responsabilidad de proclamar permanentemente la palabra de Dios, la Iglesia tiene que ser portadora del amor, de la unidad, la paz, la justicia y la honradez.
Los hombres de Iglesia deben de inspirar su vocación sacerdotal en servir a los desamparados que duermen en la miseria, deben tomar como modelo a San Francisco de Asís, Madre Teresa de Calcuta, al Papa Bueno Juan XXIII, al peregrino de la paz, Su Santidad Juan Pablo II, a nuestro pastor Padre Rafael Fabreto y al mártir Monseñor Oscar A. Romero, todos ellos iluminados por el espíritu divino de Dios entregaron su vida por la construcción de un mundo más justo y más humano.
Dios nos ha mostrado a través de su palabra que hay que trabajar por la justicia, que hay que solidarizarse con los pobres, nuestro Papa Juan Pablo II enfatiza constantemente la opción preferencial por los pobres y esto asusta a muchos, pero no se trata de excluir a los ricos, todo lo contrario es un llamamiento a todos los hijos de Dios para que sientan como suyos los problemas de los más desposeídos. Ser sacerdote y ser cristiano nos obliga a ser más conscientes, más solidarios y comprometidos con la causa de los hermanos que viven en la miseria.
Nuestra Iglesia es esperanza que debe alentar al hombre a ser más humano, nuestros pastores no deben involucrarse en política partidarista y menos aún ocupar cargos públicos que los comprometen porque les impide denunciar las injusticias, malos manejos y tantos desgobiernos.
Dios es muy celoso y muy exigente, la palabra de Dios nos habla de transparencia e integridad. Un religioso no debe asumir compromisos políticos porque esto puede desfigurar nuestra confianza en los hombres de Iglesia. Un sacerdote con vocación política no está dando un buen testimonio, nuestros pastores no deben permitir a ningún político ocupar nuestras iglesias para escalar posiciones, eso es desfigurar la palabra de Dios. Necesitamos que nuestros pastores estén permanentemente en sus templos y en sus confesionarios, necesitamos pastores sin agendas, que el pastor conozca la voz de sus ovejas y las ovejas conozcan la voz de su pastor.
Ir a misa es vivir la eucaristía y la fraternidad, ir a misa es escuchar a nuestros sacerdotes proclamando la palabra de Dios. Cristo fundó su Iglesia y nos invita a la hermandad, que todos estemos unidos siéndoles fiel, por eso nos dejó un nuevo mandamiento “que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. El Padre Ignacio Larrañaga, en uno de sus mensajes nos invita a la fraternidad cuando dice “los cristianos deben de nacer en la palabra de Jesús, sin Dios, sin un Dios vivo en los corazones de los hermanos la fraternidad es imposible, mas aún es un invento artificial”, amén.