- El Partido Conservador siempre ha visto a los
gobernantes liberales
como sus enemigos,
no importándole la
voluntad popular
Armando Arce Paiz
En LA PRENSA del 9 de julio del 2000, en Campo Pagado, salió el Manifiesto del Partido Conservador, que necesariamente y, por el bien de la opinión pública y la historia contemporánea de Nicaragua, debe ser refutado en los siguientes conceptos:
Primero: El Partido Conservador –léase chamorrista– no ha sido respetuoso de todo gobierno emanado de la voluntad popular, rompió el orden constitucional en 1926, cuando Emiliano Chamorro dio el “lomazo” contra el Presidente Carlos José Solórzano. De ahí surge la Revolución Constitucionalista de los liberales nacionalistas.
Segundo: Con su presencia contribuyó al desequilibrio político del país, en el siglo pasado, contra el presidente Gral. José Santos Zelaya, el reformador liberal que puso en sitio de honor a nuestra nación.
Tercero: El Partido Conservador siempre ha visto a los gobernantes liberales como sus enemigos, no importándole la voluntad popular, el chamorrismo nunca ha tenido la oportunidad de liquidar al liberalismo, más bien, durante la época somocista su élite con mansedumbre única pactó por prebendas políticas, que sería largo enumerar en más de medio siglo.
Cuarto: Los conservadores nunca han tenido generosidad, han pagado mal a quien bien les ha servido, el caso de la traición del pacto de los Generales Somoza-Chamorro, Somoza D. y Agüero Rocha y el pacto inicial de don Tomás Martínez y el Dr. Máximo Jerez, que por cierto lo necesitaban para salvar a Nicaragua, el León del Istmo, figura política que alumbró la verdadera senda del pueblo nicaragüense.
Quinto: Los conservadores amenazan, en su manifiesto con la anarquía, el desorden político, económico y social, y veladamente responsabilizan de sus consecuencias al gobernante de turno Dr. Arnoldo Alemán, de hechos de magnitudes incalculables y retrocederíamos, según ellos, en cien años, nuestra incipiente democracia.
Sexto: Los conservadores inyectan toda la fobia contra los “liberales” y amenazan el proceso democrático de las próximas elecciones municipales y nacionales, que deberán ser justas, limpias, honestas y transparentes, sin postergación cumpliendo con el calendario del Consejo Supremo Electoral.
El autor es Médico-Salubrista, militante liberal.